a través de La memoria emocional y el mal Clica para ver post de noviembre de 2016
Autor: Ana de Lacalle
Quien halle un motivo, no frívolo o banal, para alegrarse de la existencia de este mundo, que se cargue de argumentos y lo exponga.
Atinar el umbral ajustado en el cual no hay letargo, pero tampoco exceso de acto, es el reto de quienes padecen hipersensibilidad generalizada. Quizás les reste aquello de que “paren el mundo que yo me apeo”.
Lo más revolucionario que se puede imaginar es reventar las cloacas del Estado, todos y cada uno de sus recodos. De todo Estado. Del orden mundial. Quizás así se den la condiciones para que florezca algo sin las raíces podridas.
La podredumbre de humanos que para su satisfacción sexual vejan, humillan y descarnan la vida de sus víctimas se extiende por todas las capas de la sociedad. Unos consumen sin mirar atrás, otros comercian con personas como si fueran ganado, y muchos se benefician de sobornos y amenazas, o en su lugar se enriquecen encubriendo
Sentir es un aleteo inesperado de la sensibilidad.
La dignidad solo puede perderla uno mismo. Los demás pueden ultrajar y cosificar, pero esas acciones arrebatan la dignidad de los que las perpetran, no de sus víctimas.
Si no hubiese un algo inefable, el lenguaje y con él nuestro pensamiento agotarían en su estructura, toda naturaleza. Entendiendo que ni la experiencia perceptiva ni, más relevante, la racional avalan esta perspectiva arrogante, seguiremos balbuciendo aquello que con dificultad atisbamos, e ignorando todo lo otro.
Los que fuimos testigos, desde la cercanía que genera la pronta localización de un hermano que conduce trenes inciertos, o desde el horror y la perplejidad de la masacre que “alguien” había perpetrado, nunca tendremos más once de marzo que aquel en el que el infierno se transformó en railes, trenes y hierros calcinados. Las
Ante el desprecio y el ninguneo que los políticos destilan, en sus obras, de las necesidades ciudadanas, esta fallida democracia –que no por ello dictadura- ha sido y es la decepción del siglo. Después de largos años de dictadura, con una transición pactada para negar el pasado y no reparar ni a unos, ni a