Sea, tal vez, más accesible para nuestras necesidades la búsqueda de un para qué, que de un porqué de la vida, ya que renunciar a las causas que nos trascienden o no, y ubicarnos en los fines que en el ámbito de lo existente –ya que hemos desistido de sumergirnos en los trascendente- nos compete
Autor: Ana de Lacalle
La mentira, la impostura y la traición desgarran los resortes emocionales en los que se gesta la confianza, y por ende, la posibilidad del amor.
Una reacción empática puede invadir la intimidad ajena.
La línea imaginaria que nos ayuda a discernir entre el bien y el mal es difusa, cambiante, discontinua. Aunque en ocasiones se muestra absolutamente diáfana e indiscutible: ningún niño debe sufrir maltrato ni morir de hambre, sea cual sea su origen o su pueblo. Aquí, esa línea es una exigencia que ojalá pudiese ser reconocida
La ignorancia del poder destructivo del conocimiento es inherente a él. El acto mismo de conocer excluye la negatividad. Pero, la voluntad de seguir ignorándolo es auténtico cinismo.
Los delirios -que tienen alguna verosimilitud- pueden transformarse en relatos colectivos rebeldes, instalando la psicosis como estado de reivindicación de una realidad fantaseada y asimilada. Esta presión del grupo hacia el poder genera errores que desembocan, a veces, en gestos que verifican el delirio originario. Todo un ciclo entre psicóticos que gobiernan.
Devenimos tan ínfimos al pensarnos que huimos para sentirnos.
Si dos se mueren de añoranza mutua ¿no es un desatino restar pasivos ante ese desvanecerse en el vacío? Sería quizás un severo castigo la nostalgia a solas y el olvido, pero fenecer ambos del mismo mal por no lidiar con remedio alguno, es un acto de suicidio compartido.
Dios y la Verdad han sido las fuentes de legitimación que más muertes han provocado en la historia. Hoy, carecemos de legitimadores porque son innecesarios.
Lo feo, desde una perspectiva estética, tiene también su función, como mínimo una función inconsciente que remite al individuo al desastre, al aspecto desagradable de la vida que socialmente parece que quiera ocultarse. Mientras el culto al patrón de belleza establecido y su exposición continua, como sino hubiere nada más, nos invita al éxito seguro,