Observo un insecto –ignorancia supina de su genealogía- disecado y empotrado en un prisma de cristal. Me asalta la angustia de cuánto tardaremos en hacer eso con nosotros mismos –el orden probablemente será racial-
Categoría: Anagramas
Que un dolor no pueda ser re-conocido por nadie más que quien lo padece, que a quien sufre se le diga que no es re-conocible su dolor, le condena al pozo de la soledad más cruda, al silencio exigido por la incomprensión. Ya, en esa guarida húmeda, se recrudecen las ausencias y los silencios reverberan
La globalización económica y cultural fue siempre gestionada en interés del capital y del pensamiento único, nunca como instrumento de equidad y reparto de riqueza, ni de reconocimiento de la diversidad cultural. ¿Contra quién finge, quien finge no ser ultraliberal, levantar muros de protección? ¿Contra quienes le han servido de trampolín en su ascenso? No
Existe una línea, casi imperceptible, entre el sentido del yo y el instante en que éste se resquebraja actuando en oposición un alter ego destructor. Muchos sujetos no se aperciben de tal sinuosa hechura y se confunden en una identidad paradójica, y contradictoria. Ahora bien, quienes, por sensibilidad aprecian el desfibrar sedoso de esa ínfima
¿Puede concebirse la existencia de un Ayuntamiento con cien millones de euros de superávit y cuatrocientas familias viviendo en chabolas, junto a las que lo hacen en pisos al borde del desahucio o en condiciones infrahumanas, que además vocifere como cualquier demagogo la acogida de refugiados cuando no es capaz de rescatar a los ciudadanos
No es en vano el esfuerzo de asistir, acompañando de cerca, al ímpetu de crecer de los púberes que, por estar destinados a adolecer, necesitan el apoyo de un adulto cuya veracidad y honestidad oriente los afectos y sensibilidades en pos de lo auténtico.
Si instalados en el silencio, sintiéramos los pálpitos acelerados de quien desconfía, reprocha y exige, deberíamos recurrir a la virtud platónica de la templanza, dejar declamar al otro hasta su extenuación y, ya abatido de su absurdo discurseo, hacer de nuestro silencio un lecho plácido para su descanso. Así, reiteradamente, cada acceso de rabia, celos
Las precipitaciones de acontecimientos tienen un efecto angustioso sobre el sujeto, que se siente despejando situaciones superpuestas. No cabe la serenidad cuando la reacción se exige inmediata ante hechos amenazantes. En esas situaciones añoramos la capacidad instintiva de la respuesta adecuada, porque la reflexión se colapsa bajo presión y nuestra capacidad resolutiva se va sintiendo
Se despliegan pergaminos repletos de antiquísimos ruegos acaso de naturaleza irresolubles. Y no cabe buscar el quién, ni por qué arroja sobre nuestra corcova tal lastre, sino asumir el legado de romper lo inefable.
Allá donde no cabe la compasión, porque no hay perdón posible, asoma sibilina la culpa del desprecio. Como si en algún recóndito lugar yaciera toda la pena, a borbotones resguardada, la que debería pertenecer al despreciado que nunca sintió, y la que hierve en quien cree no encontrar lugar, hoy, para el perdón.