Hay arañas que tejen su tela en cerebros mutilados. Su carencia de actividad neuronal es añeja y la laboriosidad paciente y constante de aquellas percute en esas zonas inertes. Sin sinapsis, ni transmisiones electroquímicas se inhiben emociones, razonamientos, ideas y los arácnidos se ceban como termitas ansiosas en el marasmo neuronal. Este tipo de individuos
La ironía y la agudeza verbal espontáneas son estrategias incorporadas por el individuo que pueden contribuir a su salud mental. Es decir, siempre que no se utilicen para dañar a otros, sino como lenitivos para sobrellevar la existencia.
“Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar
El daño infringido es proporcional al dolor que se manifiesta como sufrimiento, vivencia subjetiva, de ese mal recibido. Hay quien prefiere ser causa del daño que paciente dolorido, aunque a menudo una misteriosa justicia universal, devuelve lo dado en proporciones supinas, y esa posibilidad, siempre incierta, puede aliviar el sufrimiento – quizás sea venganza, o
Creemos decidir lo que hacemos, como conciencias independientes que se substraen del entorno en que se materializan, y cual aves que nos parecen revolotear a su antojo, nos asemejamos a su caprichoso vuelo. Pero, no nos apercibimos que esos aleteos son necesidades imperiosas de avechuchos mediocres que circunvalan lo dispuesto, de igual manera que nuestras
Si la ley, en un marco democrático, es un precepto dictado por los representantes de la soberanía popular en consonancia con la justicia y para el bien de los gobernados, entonces cualquier transgresión de la ley es un acto violento contra el pueblo o los ciudadanos y, por ende una rebelión, es decir, levantamiento público
“No me estoy enterando de nada” fue la sentencia con la que abandonó su estado onírico y se incorporó a una vigilia cansada. Desconocía si era un reproche contra el disfraz de relato ficticio que adoptaba el sentido latente de sus pesadillas, o por el contrario un lamento por su incapacidad de comprender. Sea como
Todos somos tránsfugas en esa dicotomía que nos resquebraja, deambulando de una esfera a la otra y asumiéndonos en perpetua contradicción. Como Beckett agoniza cuando relata “No soy yo, no puedo ser yo. Pero ¿acaso sufro, sea yo o no, francamente, acaso hay sufrimiento?”[1] O ¿nos hallamos ante la vertiginosa estrategia, inconcebible, de ser sin
La partida de un lugar al que nunca más habrá retorno es una despedida dolorosa. “Nunca”, advertimos, porque las circunstancias, las personas y la coyuntura específica no pueden recuperarse, aunque volvamos insistentes al mismo espacio. Así, quien ha experimentado esta serie de pérdidas como algo habitual, incorpora la vivencia de la despedida como separación absoluta,
La “liquidez” es la forma mental de la falta de consistencia y sustancialidad que, al ser acuñado por Bauman, nos permitió aprehender una forma de vida desarraigada de lo existencial y que, por decepción e incapacidad, se perpetuó en esa acuosidad superficial y sin identidad precisa, que iba amoldándose a las imposiciones consumistas y hedonistas