Solo en el silencio murmuran los quejumbrosos gemidos de la orfandad de sentido. Acaso, sea el ruido la fuga más común de los que carecen incluso de conciencia del trágico desatino de existir. Neutralizando el estruendo aumentamos el riesgo de renunciar a ser, por ello entronizamos un sistema raudo, ligero y antídoto de cualquier atisbo
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El Bien como absoluto quedó diluido en lo existente. Lo factible se muestra sometido a la perspectiva del sujeto que enjuicia y, de esa forma, lo bueno deviene un valor relativo. Si, además, no concebimos distancia alguna entre lo dado y lo real, todo absoluto se desintegra al ser únicamente algo que se percibe del
Vinimos a existir, como individuo singular, por un azar caprichoso, y hallándonos, sin voluntad propia, en esta ciénaga sombría nos exigimos subsistir por imperativo natural. Pero la conciencia, como una madrastra cínica, nos impele a que el existir sea vívido, con un sentido o propósito. De lo contrario, pocos podrán sustraerse de la succión pantanosa
Tras la metafórica “muerte de Dios” anunciada por Nietzsche, se fue materializando lo que ya previó tiempo atrás su admirado Dostoievski, que “si Dios no existe, todo está permitido”. Sea por defunción de una falacia, o por no ser nada en sí, lo cierto es que la carencia de un ente supremo que regule, limite
Llegamos a la existencia por azar, habiendo podido a causa de nuestra contingencia no existir, sin más –otra combinación genética hubiera prosperado- Pero una vez que nos hallamos inmersos en la lucha, ya no por no morir -que también- sino por vivir con plenitud el tiempo de existencia, tal vez descubramos que haber nacido no
Habitar en la incertidumbre es propio de la existencia humana; aunque la inercia mental busque resortes, la vida no puede darse si no es en el riesgo de decidir a tientas.
De hecho, sostenemos el peso de la realidad desde una existencia minimalista, que sin Dios, sin verdad y sin valores absolutos, renace a un tipo de vida sin muletas. Es decir, aquélla resultado de la voluntad de no conformarse con existir como los vegetales, sino de bordar un vivir con sentido propio. Solo así podemos
Avocados a inventar una vida aparentemente satisfecha que espejee lo socialmente esperado y políticamente correcto a los otros, perdemos la conciencia de que se nos escurre el tiempo de vivir. Nos quedamos, tras apercibirnos, aquejados creyendo que hubiéramos sido felices poseyendo nuestra propia forma de vida y nos consideramos fracasados por cobardes. Pero, imponer la
Agotándose el existir nos sentimos más legitimados para valorar el peso de la vida
Si el humano es solo un existente, su vida le pertenece en la medida en que no hay proyección ulterior, él dota de valor y sentido a ese hálito material y lo despoja del vivir sino lo considera digno.