Estamos seducidos por el plácido aroma de no saber, no tener conocimiento, ni noticia alguna de cuanto sucede en nuestro entorno menos próximo. Nos refugiamos en el átomo de nuestro núcleo, y procuramos que la calma prevalezca. No deseamos sufrir más, con ese padecimiento inútil que produce la impotencia. Después de todo ese es el
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Se me vuelan los aires del cerebro, y no es cualquier cosa lo dicho. El aire es la nebulosa entre la que podría hallar lo que me inquieta. Y si digo que “se me vuelan” es por la impotencia ante el desvanecimiento de esos aires difíciles, pero sustantivos. A veces padecemos el dolor de la
La impotencia no es la cualidad de los débiles sino la misma condición humana. Quien no delinea los límites de su poder no asume, tampoco, el horizonte de su posibilidad de decidir y hacer. Es, algo así, como si observáramos el hilo que, casi invisible a la vista, nos permite constatar los dos aspectos de
En los momentos en los que sentimos una incomodidad interior, acudir a Cioran es uno de los gestos más lúcidos. Es bastante posible que entre tus páginas hallemos aquella frase, aquel fragmento capaz de provocar un alivio. Un bálsamo que nos alivia por identificación. (…) Lo que ha aumentado es el tedio, ese tedio sin
IMAGEN: Hom Nguyen https://www.facebook.com/141876642592876/photos/1871266216320568/ Nunca sabemos cuándo sentiremos que se trunca la vida y nos hundiremos en el légamo pegajoso de la desdicha. Un aldabonazo imprevisto, que nos noquea así, es un punto de inflexión del que pueden emerger una diversidad de arterias más o menos sangrantes. En esos momentos es crucial disponer de alguien
Sentirse desbordada por la cantidad de libros que se tienen a medio leer, y todos los que están pendientes de ser leídos, que aguardan pacientemente su turno, aposentados en una mesita empolvada, puede generar una cierta angustia por la impotencia o la incapacidad de afrontar con éxito el reto de rebosarnos de ideas, contenidos y
Tras unos cuantos años leyendo, pensando, sintiendo y escribiendo padezco lo que denominaría “el síndrome del sofista”. Este consistiría en el hartazgo de la palabrería, casi retórica, sobre todo cuanto ha sido objeto de mi inquietud, y respecto de lo cual, mastico con dificultad para poder digerir su disolución en el fluir de lo que
El ansia no es compañera afable de la indagación filosófica. Consiste en una inquietud, un desasosiego por todas las investigaciones anteriores, clásicas, y las contemporáneas que nunca podremos leer, con la calma que exige hacer justicia a los textos. Leer a un pensador te conduce necesariamente a la lectura de otros sin los cuales es









