Proteger en exceso, no permite crecer ¿Cuál es el justo medio?
Autor: Ana de Lacalle
No hay otra forma de vivir que bajo el influjo de lo que nos sucede. Aceptando esta premisa, ante cada zarpazo debemos llorar hasta secarnos, pero una vez vaciados, solo resta la digna reacción de la lucha, cuya fuerza quizás eleve nuestra voluntad y querer más allá del acontecer.
En ocasiones, el pasado deviene una sombra difusa de lo que nos ha pertenecido porque la memoria escudriña la forma oportuna de reminiscencia, es decir, qué y cómo recordar para seguir viviendo.
a través de el momento oportuno Clica para leer post febrero 2013
Los que caen en saco roto son como “sísifos” despeñándose eternamente. Ningún esfuerzo, ni gesto, ni amago de resurgir será avistado.
El sistema social ha intentado centrifugar lo diferente y lo normal para depurar sus límites, insertando un mazazo mortal a quien pretenda legitimar insurgencias en nombre de la igualdad. Pero, puesto que este sistema no aspira al bienestar de sus miembros, ha ninguneado a lo distinto o anormal inerme y sin fuerzas para rebelión alguna.
a través de Ser feliz para Schopenhauer Clica para ver post de abril de 2015
No todo lo que puede ser dicho debe decirse, porque no hay “verdad” despojada de emociones, ni “hechos” que por sí mismos den cuenta de lo significativo. A causa de la incontinencia verbal, se pueden generar falacias y distorsiones que para nada se ajusten a lo acontecido.
El amanecer tan solo atenúa el temblor nocturno que se aloja en el recodo oscuro del alma. No cercena terrores, ni fantasías gestadas basándose en la existencia. Amanece para que nos repongamos, y resistamos el envite venidero.
La maternidad debería ser una opción, no un sobrecogimiento, porque el cordón que une ambos cuerpos no es más que la metáfora del vínculo que, como madre, se prolonga ad infinitum. Aunque los hijos deban crecer sesgando el cordón que podría atenazarlos e incapacitarlos para vivir, las madres nunca podrán dejar de sentir su ser