Digan lo que digan los datos macroeconómicos, hay una gran mayoría de ciudadanos que se han quedado sumergidos en esa crisis que, de alguna manera, ya nunca pasará. A su paso ha barrido con un nivel de vida medio que ya es historia, unos derechos laborales que se han reconvertido en puestos de trabajo
Autor: Ana de Lacalle
Cautivados por lo posible, relegamos lo dado de facto.
Escribir es una necesidad que al ser satisfecha puede generar arte o vómitos por compulsión. En cuanto, carencia exige su resolución y no es posible abandonar su práctica. Resta ser ecuánimes y otorgar el lugar preciso con respecto y elegancia. Pero también, el preciso reconocimiento cuando éste sea merecido.
El hombre digitalizado ha reducido el espacio físico hasta un cubículo estéticamente despersonalizado, donde destacan la idolatría dominante, para ampliar su campo mental virtualmente; bien protegido, cree, tras un plasma rajonyano. Lo que parece suceder está algo alejado de esa fantasía protectora. Tendemos a filtrar toda relación por el cedazo de la digitalización, llegando incluso
Aquello que nos parece susceptible de ser parodiado acaba convirtiéndose en cotidiano y falto de sarcasmo. El colmo del patetismo.
Los hechos, desligados de los valores, son lo que son: algo inaccesible para un sujeto sin posibilidad de deslindarse de sí mismo.
Regalar un libro y una rosa, se me antojan como una ofrenda para cultivarse de elegancia, afecto y cordialidad. Nunca asumí la separación de una dádiva y otra en función del género, porque las mujeres también tenemos derecho a la cultura y los hombres a la sensibilidad. De esta forma, puedo prescindir de una rosa
Somos animales gregarios que tendemos a alinearnos alrededor de un líder con el que parecemos conformar una mente única. Este fenómeno, que en los partidos políticos es una imposición ideológica y antidemocrática, en grupos de naturaleza más informal se produce de manera espontánea como si la discrepancia fuese una afrenta personal contra el líder que
Decía Kundera, que la primera condición de la libertad se da allí donde [1]el hombre es escupido a la tierra por el cielo y pone el pie sobre el mundo, sin el mínimo sentimiento de gratitud, porque allí donde hay agradecimiento hay deuda, y donde hay deuda siempre puede haber unos padres aumentando la renta.
Palpitamos el eco de lo que nos conmueve y su reverberación nos induce a indagar las oscuras razones que sitúan lo pernicioso en la cima del poder. Esa geografía social yace en la génesis de la injusticia y su perpetuación, unos la padecen, otros la disfrutan y algunos, los que palpitan por reverberación de la