El pasado, en cuanto constituye experiencia, no puede ser empujado al ostracismo, porque deviene el conocimiento básico a partir del cual nos configuramos. Es más, si ese supuesto “pasado” es ya experiencia, no es en absoluto “pasado”. Existe una epidemia cultural con tendencia a despreciar el pasado, como aquello a lo que ya no merece
Autor: Ana de Lacalle
Muy pocos negarían hoy el derecho a la propiedad privada, al menos en el siguiente sentido: asociado al derecho a la intimidad, el poseer una vivienda donde un individuo solo, con su pareja, o junto a su familia puedan crear su “hogar”. Y esto sin que cualquier otro posea el privilegio de entrar, permanecer y
Quien se atribuye la posesión de la verdad es, o un político al uso, o un ilustre cargo gestando el sistema educativo. Revelador y elocuente.
La libertad, ese latido latente que sustenta la esperanza de no desintegrarnos.
Parece que se exige a los filósofos ser héroes, elevarse sobre la podredumbre de la mediocridad social. Ser los sacerdotes de las sociedades laicas, sin celibato, sin supuesta felicidad ni conocimiento especial sobre ella –advertencia- sin pederastia, sin sueldo vitalicio, sin vivienda garantizada. Tan solo con la honestidad que exige el ejercicio de la filosofía,
El impacto inmediato de una lectura es proporcional al grado de empatía y conexión estética entre el autor y el lector: una experiencia religiosa.
“Como los grandes enemigos de la felicidad humana son dos, el dolor y el aburrimiento, la naturaleza también dio a los seres humanos una protección contra ambos: contra el dolor la alegría, y contra el aburrimiento, el espíritu. Sin embargo ambos no están emparentados, y en los grados más altos inclusos son incompatibles El genio
El regreso al hogar es un intento vano, por imposible, que ratifica lo pretérito como tal, y muestra el instante presente como la resultante del cobijo añorado.
La lejanía uniforme del horizonte permite entender qué fueron las utopías.
La decencia es un juicio social –con connotación moral- que se hace del otro, induciéndolo al postureo falaz de “las aceitunas sin hueso”