La traición se produce tras una demanda de lealtad sacrificada; pero si esa supuesta lealtad surge del imaginario del sujeto sin el reconocimiento de los otros se sentirá en algún momento traicionado, cuando de facto no hay traición sino usurpación de un liderazgo de manera ilegítima. A pesar de ello el supuesto traicionado se sentirá
Categoría: Anagramas
Sometemos lo benigno a sospecha por si hubiera gato encerrado, aguardando un despiste para desgarrarnos. Es una forma tensa y angustiosa de enfrentarse a la vida, aquella aprendida tras constatar tanto engaño, gestado por impostores, embaucadores, tramposos y estafadores.
Con todo lo que hay en mí de no visible, podría erigir ficciones infinitas y verosímiles que dejaran un regusto de hiel entre los labios a quien amablemente hiciera una incursión en esas fantasías. Y la duda abrumadora se revestiría de una cuestión que les parecería capital: ¿Es real? Pero, mi inquietud es otra más
Una negativa se asienta en el terreno como un bloque de hormigón que impide el paso. Claro que siempre existen razones para levantar el muro, tantas como para demandar un sí, en su lugar. Pero, hay alternativas en el camino, aunque nos plazcan menos e incluso las denostemos. Aquello que no debe producirse es la
Acompañar el llanto del otro es una habilidad que pocos poseen. Nos apresuramos a intentar que esas lágrimas cesen cuanto antes, a menudo por nuestra propia incomodidad ante ese tipo de expresión emocional. Aquí la cultura nos ha cercenado en gran medida, y hay que reconocer que más a los hombres que a las mujeres
De hecho, sostenemos el peso de la realidad desde una existencia minimalista, que sin Dios, sin verdad y sin valores absolutos, renace a un tipo de vida sin muletas. Es decir, aquélla resultado de la voluntad de no conformarse con existir como los vegetales, sino de bordar un vivir con sentido propio. Solo así podemos
Te vi preso de una exagerada algarabía, como si un acontecimiento en sí pudiera reparar el desencaje de toda una vida. Pensé que tu optimismo anterior era impostado, una exigencia del guion, y el actual un espejismo propio de quien carecía de perspectiva alguna, y ahora cree que el horizonte se ha deslizado ante sus
Prever el advenimiento de tiempos peores ha sido juzgado como propio de pájaro de mal agüero. Aunque, actualmente sería prudente revisar el calificativo de quienes otean el horizonte y no auguran más que una decadencia empicada. Quizás no sean más que realistas honestos.
Si las matemáticas, ciencia que nada nos dice sobre el mundo físico por ser una ciencia formal, es un saber admirado, ¿por qué no veneramos aquellos pretendidos conocimientos que se fijan como objeto comprender al hombre en su relación con el mundo? Será que no nos interesa en absoluto.
Ante la inquietud de una espera tal vez sin resultado, se arremolina la neblina del vapor imaginario de espectros malignos y el empecinamiento voluntario de expulsarlos de cuajo. Mas, ¿por qué hace aguardar quien conoce el abismo que genera? ¿Es una prueba de lealtad? ¿Una imposibilidad? O acaso ¿La espera sea en sí misma un