«Mi persona -esa dualidad que me habita- parece poseer una expresión facial que reza: ‘Hinca tu aguijón en esa herida sangrante que no cicatriza, en la que se aúnan las bacterias del rechazo y el desamparo inoculando el suplicio de sentir cada átomo con extrema intensidad, para sufrir, dolerse y padecerse’» Ana de Lacalle “Híbrido”
Etiqueta: Dolor
No nos hunde el dolor, sino la falta de sentido de este. Sin un por qué o un para qué, el sufrimiento se nos hace intolerable. El héroe griego, el mártir cristiano actuaban en pro de un ideal, tenían un propósito por el cual sacrificarse y soportar las fatalidades del mundo y de los hombres.
El instante se impone como absoluto en cuanto percibimos la incertidumbre de que sea seguido por otro instante. Esta concatenación de instantes, que constatamos como certeros en su experiencia, constituyen la existencia. Nuestra manera, no obstante, de autopercibirnos no contempla esta fragilidad y vacilación, esa insospechada posibilidad de que tras un instante no haya más.
Decir el dolor es un acto de violenta desesperación; la necesidad impele a encapsular, delimitar y clarificar una amorfa masa de emociones que no se deja acotar, porque no puede ser jalonada. Este intento fallido acontece ante la inefabilidad angustiante. De aquí que, por ejemplo, Nietzsche se deslizara majestuosamente hacia la metáfora y el mito
Desde el momento en el que el dolor físico pasa a formar parte de la cotidianidad de la existencia de un individuo, éste se ve lidiando con la confluencia de un dolor de distinta condición: la corporal y la psíquica. Estamos abordando este nuevo dolor como uno solo, resultado de la materialidad diversa que constituye
Si usamos el término necesario es su sentido estricto, la indagación referida es contingente. Ahora bien, si invertimos la pregunta inicial podríamos afirmar que, para el humano se hace necesaria esta investigación ya que constatada de manera inmediata la presencia de dolor y el sufrimiento, de manera más evidente que su contrario, nos urge entender
El humano es un ser extraño para sí mismo. Habiendo adquirido la conciencia de existir, de estar como cuerpo en un mundo determinado, no reconoce el sentido, el porqué, ni el para qué de una existencia que se desliza a trompicones, con baches y gestos para lidiar con los más perniciosos. Posee la capacidad de
No hay existencia sin dolor, a pesar de esto, esperamos que haya vida, es decir una existencia que el sujeto conciba en algún grado plena. La dificultad de lidiar con este dolor, inherente al existir, ha sido objeto de reflexión de una diversidad de filósofos a lo largo de la historia. Curiosamente, hay en casi
Qué desidia y tristeza honda resuena, sin pretenderlo, en el interior de una mente ya cansada. Extenuada de reflotar siempre para no habitar lo abisal, a lo largo de un tiempo que se antoja eterno, aunque el consuelo y el pavor simultáneos son que lo temporal es, para lo humano, siempre principio y fin. Como
Hay edades que se hallan inmersas en la incertidumbre de un final precipitado. Siendo realistas, nuestra contingencia nos puede azotar con la guadaña en el instante menos esperado, aunque las estadísticas parecen corroborar – ¡bendita ciencia del número que todo lo clarifica! – que hay tiempos más proclives para las despedidas. Esos tiempos poseen un









