Sabemos que la ingenuidad derivada de la ignorancia es peligrosa, que la conciencia surgida del conocimiento puede ser perniciosa, que no hay posibilidad de estado intermedio entre la ignorar y el conocer. ¿Cómo reaccionar ante el infierno de esta humanidad que hemos gestado?
Autor: Ana de Lacalle
A veces es más benévolo un nihilismo pasivo que un romanticismo trasnochado.
Mientras un individuo no se sustantive como sujeto de sí mismo, será voluble y susceptible de manipulación con una elasticidad inaudita.
Una vez ubicados en el abismo, no hay vertebración posible en cuanto no se halla más que la nada, ese no-ser que no puede, no fundamenta, no enraíza, no-nada.
Un rincón de una taberna deslucida, habitada por aquel al que no le pertenece ya lugar alguno, estando mientras esté sin ninguna conciencia. Esa es la derrota mísera y ostensible de quien no pudo con la vida.
Lo único que puedes hacer en paz, por decisión propia, en esta sociedad, es morir-a escondidas- porque estás autoeximido de velar por dónde caes muerto.
Te resguardas con más asiduidad en tu lecho, tu aliado y confidente. Él no guarda reproches oxidados, antes bien, es compasivo y ensalza la injusticia con la que te trató la vida. Fuera de él, el espejo de tu propia indiferencia y tu frialdad que ahora son las manos que te cuidan. Pero, a diferencia
La memoria es emocionalmente selectiva, pero deberíamos velar para que no fuese ideológicamente falseadora.
Caen y decaen las hojas de un árbol robusto ante las andanadas de un otoño oscuro que no minimiza su vorágine tempestiva. Y es que las primaveras relucen en verano, pero no puede ignorarse que el ciclo estacional desluce el tiempo con días negros, fríos que desazonan los espíritus instalados en eternas primaveras.
Dice el refrán que “no por mucho madrugar amanece más temprano”, pero ingenuos y, confusos por el tiempo interno, avanzamos la mañana para acelerar los días y con ellos los acontecimientos que deseamos descifrar con impaciencia. No hay mayor sufrir que la incertidumbre postergada reiteradamente, que no permite asentar el dolor sobre un motivo definido.