Autor: Ana de Lacalle

Dietas y patrones sociales

Seguir una dieta se ha convertido en la manera normalizada de alimentación de los que, junto al ejercicio físico, creen hacer un alarde de voluntad que va asociada al éxito social y profesional. Esta identificación procede del prototipo de individuo que el neocapitalismo ha promovido indicando sibilinamente que son además los felices de la tierra.

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La primera vez

La primera vez de un acontecimiento vital acostumbra a ser único. Acaso el tiempo lo diluya y prevalezcan momentos posteriores, o tal vez esa primigenia ocasión se incruste en las membranas de la memoria sin que motivo alguno pueda desbancarlo. Ese debut, en nuevas experiencias, no es nítidamente fruto de la elección. Los elementos que

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Lo terrible

“Mientras se vive sin alcanzar lo terrible, se hallan palabras  para expresarlo en cuanto se lo conoce por dentro ya no se encuentra ninguna.” Del inconveniente de haber nacido. E.Cioran Será porque, mientras indagamos, presuponemos haber alcanzado lo que constituye la experiencia ajena; pero una vez asida y desgarrados, conocido lo terrible, constatamos que propiamente es

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Minimalismo del pasado

El pasado, en cuanto constituye experiencia, no puede ser empujado al ostracismo, porque deviene el conocimiento básico a partir del cual nos configuramos. Es más, si ese supuesto “pasado” es ya experiencia, no es en absoluto “pasado”. Existe una epidemia cultural con tendencia a despreciar el pasado, como aquello a lo que ya no merece

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Vivienda, intimidad y salario

Muy pocos negarían hoy el derecho a la propiedad privada, al menos en el siguiente sentido: asociado al derecho a la intimidad, el poseer una vivienda donde un individuo solo, con su pareja, o junto a su familia puedan crear su “hogar”. Y esto sin que cualquier otro posea el privilegio de entrar, permanecer y

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El filósofo laico

Parece que se exige a los filósofos ser héroes, elevarse sobre la podredumbre de la mediocridad social. Ser los sacerdotes de las sociedades laicas, sin celibato, sin supuesta felicidad ni conocimiento especial sobre ella –advertencia- sin pederastia, sin sueldo vitalicio, sin vivienda garantizada. Tan solo con la honestidad que exige el ejercicio de la filosofía,

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