Hay arrebatos letales que nos degradan para yacer encapsulados en una guarida inaccesible. Solo desde ese resguardo nos es posible impostar lo que los otros desean que seamos, más allá de quien se amague tras esa pose confortante. No resplandece lo que mediocremente somos, sino la impostura que lo otro anhela vislumbrar. Agotados, por tanto,
Categoría: Anagramas
La magia del lenguaje reside, a menudo, en dotar de naturaleza lingüística, y por ello identificar y simbolizar, emociones, experiencias y anhelos que deben tener algún grado de universalidad para sentirnos imbuidos y casi anonadados, ante el embrujo de esa amalgama de palabras, atinadas por alguien ajeno, que parecen referirse a cada uno de nosotros.
Rastreando las huellas registradas en mi recodo interior, deslumbra la profundidad de algunas de ellas. Son destellos simultáneamente emitidos que producen fulgores en la mirada mental, por contrapuestas, oscuras y coloridas, incapaces de sintetizarse en un haz de luz congruente. Cada destello mata muriendo en su desvanecimiento, dejando tras de sí lo que ha sido:
No hay infinitos que, por con siguiente, nos sofoquen, ni asimismo que se extiendan hacia confines imaginarios. Aquello relativo a la vida es, como ella, finitud; para el bien que nos libera de lo opresivo y para el mal que cercena perspectivas halagadoras. No poseer la eternidad es la certeza de que nada reincide indefinidamente,
Las condiciones de la existencia son inherentes al mismo existir; todos estamos sujetos a ellas sean de la índole que sean. Sí es cierto que unos nacen con menos restricciones que otros y que ese punto de partida es una de las causas de la desigualdad de oportunidades. No menos realista es asumir que aquello
Nunca des por consumido aquello que no haya llegado con certeza a su fin, porque hay residuos de los que puede resurgir, con empoderamiento, lo que se nos antoja extinto y agotado. Allí donde resta un ápice de voluntad puede rebrotar fortalecido ese querer “algo”, ya que la voluntad es intencional, y la intención un
Somos, existiendo, sin saber cómo sostener esta extraña condición, en la que nos concebimos a zarpazos ondulantes, no alcanzando nunca un saber estar sereno. Y así culebreamos por el árido desierto de la ignorancia, con el sentimiento de no poder, verbalizándolo, pero siguiendo, a pesar de ser nosotros los que susurramos agónicamente no poder –como
Un reencuentro puede ser una dádiva que mitigue el dolor de rupturas bruscas e incomprensibles, de gestos del otro que no aprehendimos desde perspectiva alguna. También, puede devenir un esfuerzo de benevolencia por obviar parte de lo acontecido, cuando el otro ya no merece, quizás esos reproches que forcejean en nuestro interior, pero que enjuiciamos
Quien se deja arramblar por la desidia y la aflicción se petrifica en cuanto a la acción y se mortifica respecto del sentir de su estado. Cierto es que aquello que se precipita vertiginosamente sobre la condición vital parece insufrible, y a menudo lo es. Pero también, lo es, que sobrevenida la avalancha sobre la
Conforme la concepción del tiempo se dilata la intensidad de las vivencias desgarradoras son las que lo habitan, y la causa de esa percepción interior de lo temporal. Por el contrario experiencias gratificantes y vivificadoras provocan una contracción fugaz de cuanto sentimos, mudándolo en un efímero ensueño que se nos antoja, por breve, imaginado o