Algún día tenía que ocurrir. Algún día el peso de las cosas debía imponerse a la ligereza que aparentaban. Tan solo era preciso el gesto de quien dirime lo importante de lo efímero, e interceda con decisión y contundencia para que se diluya la apariencia efímera. Solo son necesarias unas palabras, ciertamente era todo tan
Categoría: Anagramas
Si la Justicia no puede equilibrar la situación de desigualdad producida –incluyendo aquellas en que hay agresor y víctima- no hay compensación y no cabe justicia alguna. Entonces solo resta la ley del talión o la aceptación de la injusticia eterna.
Ejercer de uno mismo, siendo más de uno, no es grato. Todos somos quien queremos y aquellos rastros que emergen contra la voluntad, y mostramos avergonzados. Existimos antagónicamente, siendo auténticos en cualquiera de las apariciones. Aunque lo genuino sea esa unidad que surge de la confluencia de ser contradictoriamente, un individuo maltrecho de la lucha
Atenazar cada gesto, cada mirada, cada intento en nuestro momento final, se me antojó lo más trascendental que nunca habría forjado. Pero se diluía tu manifiesta expresividad y no me era posible poseer nada. Tan solo me quedaban señales luminosas en el interior, sin forma ni contorno, eran sensaciones que no sabía cómo preservar de
Hay quien necesita aferrarse a cosas para mantener vívidos momentos, recuerdos; como si al simbolizarlas en algo material se exteriorizara la presencia de lo que fue y no está más que como sombra lívida en nuestro interior. Una veneración excesiva de la cosa que puede derivar en un fetichismo vacío.
Mientras el Estado actúe, de facto, como una fuerza privada al Servicio de intereses particulares e intente camuflar estas decisiones y acciones bajo la legitimidad del bien común, la sociedad civil estará siendo agredida en sus derechos y demandas. Así, cualquier intento de subversión se atajará dejando espacio en el parlamento a los supuestos rebeldes,
La susodicha calma que sigue a la tempestad es tragedia y desamparo, aunque de apariencia tranquila al haber arrasado incluso con las fuerzas de los supervivientes. El sosiego no deviene como el vómito de una convulsión, sino del tiempo sostenido plácidamente entre las sienes.
No hay lugar propio en el espacio, no hay pertenencia, ni justicia, solo azar que se nos antoja aprovechar o quedarnos reflexionando sobre su naturaleza. Desvelado este misterio actuamos con la premura de atrapar el instante benévolo y estrujar sus posibilidades, en prevención de envites desfavorables que puedan aflorar. Así la vida emula un
En soledad y en silencio se firman hojas en blanco de una elocuencia evidente: es tal el tumulto interior, de quien no ha escrito, que nada se deja reducir por las palabras, no hay posibilidad de lenguaje, ni de comprensión hasta que la vorágine se calme. Apaciguada ya, tal vez se puedan arropar sucesos con
No puede fortalecerse quien se siente continuamente víctima y se regodea en ese dolor. El mártir crea al verdugo, el cual perpetúa el sacrificio hasta la eternidad. Ahora bien, quien realiza tal hazaña es un verdadero héroe porque sobreponerse al sufrimiento existencial, una vez atrapado, es de titanes.