Parafraseando a Simone Weill[1], filósofa destaca del S.XX, un Dios ausente es el único Dios auténticamente presente, pues la ausencia aparente de Dios es su realidad. Dicho esto, puede deducirse que la figura de Dios de la que habla Weill se aleja de esa función consoladora y hecha a medida de la necesidad humana por
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¿Con qué actividades pierdes la noción del tiempo?
La madre es el seno de la vida, la condición sin la cual no es posible ser. Nacidos de las entrañas de esa mujer, madre, ésta no solo nos incuba durante nuestra gestación, sino que nos amamanta. Nos da el jugo de la vida para que podamos seguir en ella. Reconocer la función primordial de
Es difícil escribir disociándose de la propia existencia. Como si uno se hallase trascendiéndose a sí mismo y observándose, ajeno al acontecer material. Tal vez sea deseable, ya que la distancia lograda permite templar lo observado, si es eso sobre lo que discernimos. Sin embargo, puede convertirse en una forma de negación que nos permita
La egolatría, ese culto excesivo a sí mismo, o si se prefiere, en términos psicoanalíticos el narcisismo[1], constituye una desmesura en la conciencia del sí mismo que tiende a enaltecer las capacidades, cualidades propias y necesita de la admiración y reconocimiento reiterado de los otros. Es esta necesidad de que los otros perciban al individuo
Hay una concavidad en el interior de cada uno que aloja una mezcolanza de rabia y rencor. Suele constituir una opacidad indescifrable de la que no poseemos conciencia, ni notamos su presencia. Tan solo ante determinadas reacciones, que nos sorprenden a nosotros mismos y que autocensuramos, esa amalgama busca recodos para su descompresión. La evacuación
Recupero un artículo publicado en el año 2016, por la actualidad y el paralelismo que hoy podemos establecer con la I.A. Cuando en el SV.a.c Sócrates expresó su temor, a través del mito egipcio de Toth*, de las posibles consecuencias negativas que podría traer consigo la universalización de la escritura, estaba ejerciendo, una vez más,
La muerte es ese horizonte que se nos antoja ajeno y lejano, y al que evitamos mirar. Nunca es lo mismo pensar en la propia muerte, algo real y encarnado, que referirnos a la muerte de otros. Muchos de ellos desconocidos que las sociedades del bienestar y la cultura de la nihilidad ocultan sutilmente; la
El instante se impone como absoluto en cuanto percibimos la incertidumbre de que sea seguido por otro instante. Esta concatenación de instantes, que constatamos como certeros en su experiencia, constituyen la existencia. Nuestra manera, no obstante, de autopercibirnos no contempla esta fragilidad y vacilación, esa insospechada posibilidad de que tras un instante no haya más.







