Si la ausencia desencadena vacío y este una abisal soledad, nuestro interior se asemeja a un campo yermo, reseco y sediento en el que todo intento de redención es baldío. Quizás porque allí donde nada hay, no puede cobijarse esperanza alguna.
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Disgregándose en la amorfa indiferencia, retallece vigorizado como nada, casi nadeando –como sugiriera Heidegger-, que como absurdo para el sentido común significa: restar finalmente disuelto en no-ser para los otros, o en otros términos , alguien sin ser por su invisibilidad. Solo el rescate de la huella de su incondicionalidad, la del que es abandonado
El fracaso vital emerge cuando logrado todo, se siente ser nada, o no-ser, o lo equivalente: una vacuidad incomprensible deudora de un malogrado sentido.
La cuestión crucial sobre cómo se gestionan las pérdidas puede resultar un absurdo, si atendemos al hecho de que el hueco vacío, de quien o lo que ya no está, no puede ser más que sufrido. Sugerir que el tiempo desvanece la nada arraigada en nuestro interior es desmerecer la misma pérdida. También podríamos aproximarnos
Agrietado el poder de la intuición, ante la opacidad de lo que hay, tan solo nos resta la elucubración circular que, por esa índole cíclica, nos enreda en un laberinto obsesivo de incomprensión, y, esta última, nos condena a la angustia que –como Heidegger afirmó- no es más que el testimonio de la presencia de
El principio griego “de la nada, nada surge” podría extrapolarse a la dinámica de la mente humana. Desde que nos traen al mundo se inicia un proceso de incorporación de experiencias, progresivamente más complejo, que forja nuestra subjetividad y, por ende, la manera en que interaccionamos con lo Otro. Lo no recibido, lo no vivenciado
Mecida por la soledad, la mente se llena de vacío.
Qué trágica y vívida experiencia la de quien tiene el pecho asfixiado por un peso inmensurable. Se siente y resiente, sin tregua, en una coyuntura que lo anula e impide. Respira forzadamente, mientras la angustia clama para que sea subsanada la vacuidad del alma. Pero el eco de cada espiración retorna un silencio desesperante que
Una vez ubicados en el abismo, no hay vertebración posible en cuanto no se halla más que la nada, ese no-ser que no puede, no fundamenta, no enraíza, no-nada.
Desde el infinito no puede avistarse nada de aquello que creemos necesario; seguramente no hay percepción posible tan solo aprehensión.
