No puede haber sujeto sin un otro. Esta sentencia sería, con matices diversos, sustentada por una diversidad de pensadores que van desde Hegel a Lacan, y muchos en la actualidad. Las diferencias entre ellos pueden ser significativas, pero lo cierto, es que la idea de que sin los otros no podríamos constituirnos en sujeto parece
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El deseo y el deber no siempre han estado en sintonía, antes bien, diría que su relación, tan antigua como la conciencia humana, ha sido tensa, contraria y en cada disputa siempre ha habido un triunfador, o se actúa por deseo o por deber, la confluencia plena es un desiderátum. El deseo es el cuerpo
Vivimos en una sociedad paradójica; aún más, en la paradoja paradójica. Es decir, creemos que la imagen que intentamos proyectar, para que los otros la vean, depende únicamente de nuestro propósito; por el contrario, nuestra “imagen” se elabora en la intersección de lo que proyectamos y de lo que los otros interpretan o ven. La
Desde que el sujeto moderno se convierte en el principio desde el cual se dirime filosóficamente cualquier cosa, emerge el riesgo de situarlo en el objeto mismo de reflexión. Lo cual sabemos que trasciende el lance mismo convirtiéndose en lo empíricamente constatable. Digamos que, como principio epistemológico este giro moderno es fundamental porque se apercibe
El cansancio que se aferra al estado de normalidad, abatiéndonos y postrándonos como seres incapaces casi de movilidad, se gesta en el transcurso de una cotidianidad anodina que nubla el qué y el porqué de la existencia. No se requiere magnos sucesos que nos noqueen; al contrario, lo que nos carcome es la insulsez de
Leyendo “La pianista” de la escritora galardonada con el Nobel, Elfriede Jelinek, descubro una escritora con una peculiaridad indiscutible: un aparente laconismo mediante el cual recrea un clima, unos sucesos casi carentes de acontecer, que te sumergen en un contexto en el que abunda la rigidez, la ortodoxia y por tanto la asfixia vital de
Un sauce llorón majestuoso proyectando una sombra que cobija a espíritus solitarios. Bajo esa umbría, entoldados y protegidos no solo de las ráfagas solares, si no de los proyectiles que con súbita inclemencia arrojan los otros. Esto evidencia que no siempre estar con alguien beneficia ni rescata de la oscuridad; más vale sostener la propia
Los impulsos me tunden, lindando la flagelación, con una vara metálica para que explote y expanda mi presión alrededor. Infringiendo toda norma o convención social y dotando de libre voluntad a mis deseos y pasiones. Aun sabiendo lo controvertido de identificar querer con desear, no hago sino manifestar el tumulto en ebullición que me habita
Engalanados de ornamentos normativos, ratificados como tales por aquellos que se hallan sujetos a esas parafernalias, creemos consolidar proyectos comunes y compartidos. Craso error y fuente de confusión cuando las adhesiones a esos planes son absolutamente dispares y desequilibradas, porque la dedicación, el esfuerzo es desigual y, por ende, la implicación emocional también. Reaccionamos entonces,
Slavoj žiŽek, basándose en un texto hegeliano del cual extrae la figura del “Amo”, que para mayor claridad deberíamos entender como un “líder”, afirma como única vía de emancipación: “Un auténtico Amo no es un agente de disciplina y prohibición. Su mensaje no es ”¡No puedes!” , ni “¡Debes..!”, sino un liberador “¡Puedes!”. Pero “puedes”








