Hay un tiempo para cada cosa –reza algo así el Eclesiastés- aunque desgraciadamente nuestra necesidad no se conjugue adecuadamente con el tiempo.
Autor: Ana de Lacalle
Un olor a mantequilla agria se esparce desde la nevera al abrirla, que junto al poco pan duro, que intenta tostar en el fuego, conforman un tentempié que puede ser indefinido. Ropa algo acartonada que vuelve a cubrir su cuerpo, zapatos rigurosamente reforzados haga el tiempo que haga. Y una bandolera con su documentación y
Proporcionadle una satisfacción económica tal que no tenga que hacer otra cosa sino dormir, comer bollos y procurar que la historia universal no se interrumpa, colmadlo de todos los bienes de la tierra y sumergidlo en la felicidad hasta la raíz de los cabellos: pequeñas burbujas se elevarán y estallarán en la superficie de esa
Quisiera ser honesta y poder escribir un cuento de hadas para Amaia e Isaac –mis menudos sobrinos/nietos- pero sería preciso para compatibilizar ambas cosas contener un ápice de esperanza veraz, en que los humanos de buena voluntad acaban recibiendo lo que merecen, al igual que los que actúan con mala intención obtienen lo propio. Y
La voluntad obsesiva puede focalizarse en fines perniciosos para el sujeto. Así, tal vez sea más destructiva una voluntad ciega que los deseos que siempre declinan su intensidad.
“Pero lo que deseo hacer ahora es tomar este rasgo dialógico de nuestra condición, por una parte, y ciertas exigencias inherentes al ideal de autenticidad por otra, y mostrar que las formas más egocéntricas y «narcisistas» de la cultura contemporánea son manifiestamente inadecuadas. Más en particular, quiero mostrar que las formas que optan por la
Vagando sin hallar contacto alguno con el auditorio de células más íntimas que nos constituyen, sospechamos haber extraviado por disolución lo genuino, aún inmaduro y doliente. Así, nos resta seguir siendo en los otros hasta que nadie nos precise.
El inicio del nuevo curso, para los que ya no estamos implicados como profesores, conlleva una oscilación antagónica del sosiego a la añoranza. Una tranquilidad de ánimo que permite ojear el panorama desde el exterior con la ventaja de conocerlo desde sus entrañas. Una nostalgia que brota de la ausencia del calor de esas vidas
Amagando intenciones y destrezas aparecemos como “otros”, distintos e impostados, ante los demás. Deslizamos una figura ajustada a las expectativas ajenas, para embaucar y ser de los suyos. Así nuestra apariencia se sustenta en un yo que, en la retaguardia, constituye la defensa mortífera contra un mundo del que no cabe fiarse. Es un modo
Observando los desastres naturales que acaecen en las últimas semanas una no puede dejar de recordar el nunca acallado debate sobre la veracidad o no del cambio climático. Mi supina ignorancia no me permite más que asumir una cierta opinión a partir de lecturas de doctos de supuesto prestigio y honestidad. No obstante, y