Los hechos, desligados de los valores, son lo que son: algo inaccesible para un sujeto sin posibilidad de deslindarse de sí mismo.
Autor: Ana de Lacalle
Regalar un libro y una rosa, se me antojan como una ofrenda para cultivarse de elegancia, afecto y cordialidad. Nunca asumí la separación de una dádiva y otra en función del género, porque las mujeres también tenemos derecho a la cultura y los hombres a la sensibilidad. De esta forma, puedo prescindir de una rosa
Somos animales gregarios que tendemos a alinearnos alrededor de un líder con el que parecemos conformar una mente única. Este fenómeno, que en los partidos políticos es una imposición ideológica y antidemocrática, en grupos de naturaleza más informal se produce de manera espontánea como si la discrepancia fuese una afrenta personal contra el líder que
Decía Kundera, que la primera condición de la libertad se da allí donde [1]el hombre es escupido a la tierra por el cielo y pone el pie sobre el mundo, sin el mínimo sentimiento de gratitud, porque allí donde hay agradecimiento hay deuda, y donde hay deuda siempre puede haber unos padres aumentando la renta.
Palpitamos el eco de lo que nos conmueve y su reverberación nos induce a indagar las oscuras razones que sitúan lo pernicioso en la cima del poder. Esa geografía social yace en la génesis de la injusticia y su perpetuación, unos la padecen, otros la disfrutan y algunos, los que palpitan por reverberación de la
Si cabalgo por metáforas apuradas y ávidas de ser imagen fiel de lo referido, no es porque disponga de palabras –mentira- es porque se me ha negado el uso excelso del lenguaje.
La publicidad de medicamentos es un contrasentido ante la idea razonable de que los fármacos deben ser recetados por los médicos, o como mucho, ante pequeños incidentes, asesorarse por el farmacéutico. Para esta práctica no es necesario que el público conozca en absoluto marcas ni medicamentos que no deben ser autoimpuestos porque no son inocuos.
Recubrirse las costras húmedas con una apariencia de normalidad es una exigencia de integración social, ya que la sociedad no acepta víctimas para que muestren sus secuelas sino para que las oculten. Es algo así como la historia del hombre epidérmico -de este blog en categoría relatos- que llegó a la conclusión de que el
Si la base sobre la que se construye la personalidad es una marea de confusiones, es propio que devengan otras tan arraigadas como las originarias. En esa barahúnda, el yo no posee una trama sobre la que sostenerse y vacilante deambula sin hallar reposo ni lugar propio. De ahí nacen desencuentros con los otros,
La amenaza del castigo disuade, el atisbo de la culpa angustia.