La sinfonía que uno decide escuchar a lo largo de su periplo vital está compuesta también de acordes propios y genuinos que dan a esa música un tono particular: la tendencia a ritmos bruscos e inoportunos cuya estética es minimalista, o la inercia a una armonía pausada y estructurada que proporcione goce. La mediocridad de
Categoría: Anagramas
Si quien escribe se sirve, a menudo, de la negación para indagar en los fantasmagóricos rastros de la estela que desprenden las experiencias o lo que sea susceptible de ser escudriñado, está evidenciando la incapacidad propia, tal vez universal, de “decir” algo con relativa consistencia sobre el mundo. Por eso se escabulle en regodeos lingüísticos
Desearíamos, tan solo, un poso fructífero derivado de la acumulación de esas breves y tenues vivencias que sustancian el alma. Anhelamos que emergiendo de la tragedia cotidiana restara algo, ni que sea invisible pero sí perceptible por algún sentido oculto de nuestra mente, que vigorizara las ganas de permanecer en este averno en el que
Hundidos en un tumulto de acontecimientos deshumanizantes, transitamos sin rumbo, melancólicos y abrumados de desidia; porque allí donde no cabe ningún destello de compasión, ni piedad ¿qué podemos esperar sino es el cataclismo aniquilador de los que sobran? Y el excedente mantiene un rostro destrozado por el dolor, su nombre, su identidad y acaso una
Todos estamos en el corredor de la muerte. Unos lo saben, porque se deslizan encerrados en cubículos por esa cinta automática que nos transporta. Otros carecen de la conciencia de que nacer no es más que empezar a morir, una cuenta atrás, ya que a la vez que se crea vida se destruye. Avanzamos en
Desposeídos de identidad -o tal vez jamás tuvimos sustancia alguna más que los ecos de espejismos anhelados- danzamos desnortados en un festejo dionisiaco que antes que búsqueda, deviene fuga. Somos aquellos que, sin poder decir nada sobre sí mismos, inventamos un lenguaje simbólico para crearnos y crear todo lo que necesitamos y de lo que
Cautivos en un habitáculo mínimo, exacerbamos vanamente los abruptos azotes para ampliar el espacio. De tal forma que restamos en esta lid, magullados y amoratados de ejercitarnos en un absurdo esfuerzo, cegados por la convicción de que nuestra reclusión es externa. Hasta que exhaustos y mirando horizontalmente esa supuesta celda, nos sorprendemos ante un azul
Si la ausencia desencadena vacío y este una abisal soledad, nuestro interior se asemeja a un campo yermo, reseco y sediento en el que todo intento de redención es baldío. Quizás porque allí donde nada hay, no puede cobijarse esperanza alguna.
El tiempo parece un continuum centrifugado, no avanza, no se agosta ni se consume. Existe un punto de infinitud del que no podemos evacuarnos, atrapados en ese hondo y vacío abismo desistimos exhaustos y vencidos. Acaso por un absurdo cósmico que nadie supo aprehender y que devastó nuestra posibilidad de ser y, por consiguiente, negados
Un brevísimo amago de huida que desvela el cansancio ante presiones mixtas: externas e internas. Tentación irreflexiva, alertándonos de un asunto relevante diferido reiteradamente por su naturaleza turbadora. Un punto de inflexión en el que acotamos el desasosiego, lo desmenuzamos, analizamos y le otorgamos entidad, definida y limitada. Así posteriormente, despojándonos de toda arrogancia, redirigimos









