Rasgamos el tedio cotidiano desertando un breve espacio del tempo que nunca nos pertenece. Guarecidos en lugares ignotos para el resto, nos figuramos ser rebeldes que descuartizan la monotonía impuesta. Pero, desdichadamente, padecemos el mal de la inercia incrustada que nos conmina a la repetición de los esquemas interiorizados. Así, antes que desestructurar el yugo
Categoría: Anagramas
Poseídos por un denuedo desbocado, carecemos de la templanza requerida para bosquejar trayecto alguno. Y por ello somos arrastrados a padecer penurias del alma, que empobrecen y denigran, porque no decidimos, sino que actuamos como forma de desfogue de las impulsiones que podrían vigorizarnos, pero que por la ausencia de raciocinio nos abocan a situaciones
Disponiendo de todo cuanto, de facto, hay, simulamos domeñar el mundo como si este no opusiera resistencia alguna. Pero este dolo, perpetrado y erigido bajo el supuesto de nuestra razón ilimitada, se desvanece ante el contraste empírico que nos desenmascara, mostrándonos como entes mediocres y sometidos –a su vez- al deseo egoísta y a la
El tiempo ese gran escultor –que decía Marguerite Yourcenar- va cincelando perfiles en continua evolución que dejan de ser, para devenir otros. Así, vamos puliéndonos paulatinamente, mudando convicciones, sentires y cosmovisiones que no constituían ese eje vertebrador que se nos antojaba inquebrantable ¿quiénes éramos entones y qué resta de nuestro ser? Acaso fundamentalmente la actitud
El alma por su precariedad adolece de estrategias raudas de reparación. Serpentea, huidiza y esquiva, inhibiendo la identificación del mal que nos aqueja. Un mal controvertido si sopesamos la tesitura que nos zarandea al cuestionarnos su naturaleza. No es, necesaria ni exclusivamente, un acontecer externo. Tampoco una podredumbre urdida a voluntad. Entonces ¿qué es y
Nos afanamos en la búsqueda de un algo que permanece oculto, encubierto o enmascarado con la nostalgia de un edén perdido, como si otrora hubiésemos habitado esos campos Elíseos a los que por meritocracia arribábamos. La cuita reside en identificar qué hemos devastado por la singladura vital para vernos desprovistos de ese colofón paradisiaco. Quizás,
El decir algo implica la negación del conjunto de enunciados que se contradicen con lo dicho y, por lo tanto, excluir la posibilidad de que tengan lugar la serie de hechos contenidos en esas proposiciones implícitamente negadas. Cierto es que no todo lo expresado lingüísticamente constituye una enunciación, en el sentido de afirmar o negar
Una contienda, una batalla, una lid más sostenida y soportada porque hay que permanecer, debemos persistir porque se nos presupone la lucha por la existencia, no ya como humanos, sino como vivos. Sin embargo el manido derecho a decidir es antes que una atribución política, una cuestión de humanidad de un sujeto concreto, de carne
Protegemos al otro inoculándole una dicha artera, persuadidos de que la sustentaremos fielmente, sin apercibirnos de cómo se filtran por los poros los sentires genuinos. Y así, vagamos sin mostrar indicio alguno de ese vadeo absurdo que nos reviste; ingenuos, cándidos y crédulos de nuestra capacidad de impostar. Hasta que, acaecida una noche, supuran las
Hay quien nace estampado como sacrificio, dádiva del sustrato órfico arcaico, y su existencia no transcurre sometida a la propia voluntad, sino al destino tatuado con el que fue gestado. Así, solo le resta el honor de congratularse de la necesidad que impele su vida; dotada del sentido de ser fuente de compensación y equilibrio
