El fallido intento de que alguien vea lo que no quiere ni tan solo vislumbrar, es una frustración a priori que tampoco deseamos reconocer. Así, unos sucumben por no reconocer a priori el error, y los otros yerran siempre por elegir la ceguera.
Categoría: Anagramas
Estamos hechos del barro que resguarda nuestras huellas, las que se forjan por reacción y por acción. No resultan fábulas quiméricas para legitimarnos, pues los que somos está registrado en el rastro descuidado del lodo que nos relata.
No hay fracaso vital, a no ser que supongamos que vivir es un trazo rectilíneo orientado a un determinado fin o propósito. Solo desde ese supuesto adquiere sentido el concepto de fracaso, como desviación de lo previamente trazado. En esta tesitura, quizás fracase quien ha definido el tipo de línea que debe trazar la vida
Aquel que se desgasta en gestos de finalidad político-social, deambula delimitando su no-ser, pero padece el síndrome de la deficiencia de ser, incapaz de decir o mostrar quien es. La carencia de identidad, no acotada por negación del no ser, es una de las fragilidades que más vulnerables hacen al individuo actual, ávidos y susceptibles
Descifrando desde la infancia el lenguaje por el que se accedía al mundo, y vosotros ajenos no me brindasteis palabra. Azorada por gritos discutidos de los que permanecía el eco tras la batalla, y vosotros ajenos no percibisteis mis lágrimas. Aterrorizada viendo la convicción con la que se apoyaba en la ventana, y tú, sin
Se derrumba con nosotros en el interior un posible delirio de amor. Quizás nada hubo, ni nada fue, más que una larga huida mental a un paraíso al que me aferré como mecanismo de defensa. Es muy triste apercibirse del carácter simbólico de los propios delirios.
Los delirios nacionalistas suelen desencadenar en la idolatría de un líder megalómano, cuya desviación mental le ha llevado a ignorar lo prioritario, y a recordar el porqué de su mandato, más allá de su propio ego.
Damos por descontado lo que nos parece obvio, aun habitando un mundo en el que se evaporó el reconocimiento de lo mínimo evidente. Sin referentes axiológicos compartidos como prioritarios, no hay más obviedad que el deseo de cada sujeto, su ambición, su voluntad y su poder de imponerla a los otros.
Hay quien sueña y sufre el síndrome del “atrapa sueños” en un sentido literal –obviando la magnífica canción de Maná- Pues se encuentra intentando con esfuerzo supino retener un contenido onírico, que se presentaba claro al despertar pero que conforme lo repiensa se tropieza confundido con una disolución progresiva de imágenes deshilachadas sin argumento. Algo
Acusados de delito o no, a todos nos pertenece la culpa –a unos mucho y a otros menos- del martirio proferido al humano, que expoliado de cualquier atisbo de dignidad se consume de hambre, miseria y atrocidad. Cierto que no todos cargan con la culpa, pues ahí se halla el grado de conciencia moral y