Estuve tiempo reclinada y rendida en la pared de una calle muy transitada. Mi espalda algo encorvada, la mirada ciega, y el bullicio sordo que invadía el espacio; un espacio sin lugar, solo cavidad indiferente que contenía individuos desplazándose azarosa y agitadamente. Allí, pensé sobre lo absurdo de la velocidad existencial, el vacío perforado en
Categoría: Relatos y otros
Susurraba una letanía inaudible, mientras se desplazaba con esfuerzo serpenteando sin hallar lugar alguno. Sabía que era urgente trascender la situación en la que estaba incrustado, pero no podía dilucidar dirección ni sentido. Estaba semiconsciente, percibía su incapacidad de incorporarse como un homo erectus que era, mas ignoraba qué le había provocado esa impotencia y
Padezco una pulsión onírica recurrente, en la que estás presente, pero me ignoras; espero tu llamada sin cumplir nunca ese deseo; te veo, pero ni me miras. Y se desatan en mí los temores más primarios, esos que son síntoma, entre otros, de la herida básica. La cicatriz se reabre y supura desprecio, ninguneo, volviendo
Siento un cosquilleo cuyo surco desemboca en mis labios arqueando una sonrisa que ilumina mi rostro, y ahí resto encandilada. Mas, al apercibirme de que ese hormigueo no es sino tu cauta, silente y discreta retirada se desorienta mi mente, confusa y turbada hasta que aprehendo que el roce de tus dedos me advierte de
No puedo prescindir de tu recuerdo, ni quiero; por eso hoy, es de justicia para contigo y todos, que despliegue un ritual de palabras, que, aunque no pueden regresarte, sí te hacen presente de forma explícita. Hubieses celebrado tu sesenta aniversario, junto con la nochebuena, y nos hubiésemos asombrado una vez más del caprichoso azar
El título de este post es el nombre del blog https://elcuidadoenlapalabra.com/ que es un espacio de divulgación enfermera, donde somos las enfermeras y personas relacionadas directamente con los cuidados los protagonistas de las distintas secciones. Siempre me ha resultado extremadamente sugerente la expresión construida porque cuidar la palabra dicha es cuidar al otro. Desde los
Se deslizaba sinuosamente bajo la mesa del comedor, enredándose como una hiedra entre las patas de las sillas, con sumo cuidado para no romper el silencio que destilaba la sala. Era menudo y hábil, lo cual le otorgaba una ventaja adaptativa en el entorno de crispación en el que se hallaba. Parecía el niño serpiente,
Su espacio emocional era inmenso, excesivamente voluble y susceptible ante los gestos ajenos. Su inercia la com-pasión, esa capacidad de padecer con el otro por su sensibilidad empática. Y, coherentemente, la disponibilidad para sostener a los que sabía que estaban sufriendo, haciendo lo que fuese necesario para el otro. Sin embargo, esta naturalidad con la
Estaba sentado en el alfeizar de la ventana, huidizo, ausente quizás de sí mismo. No pululaban recuerdos dañinos, ni imagen alguna por su mente; era como si se hallase en un estado catatónico del cual carecería posteriormente de conciencia. Su cuerpo presentaba cierta rigidez, como si fuese un ciborg desconectado y carente de movilidad. ¿Por
Refugiado en la áspera soledad se siente a salvo. Es un reducto en el que nadie interfiere, sobre todo para mal, en el ritmo lento y convulso de sus emociones. Esas que los otros no percibirán, o que encontrarán anómalas porque no se rigen por unos parámetros de lo normalizado y de lo que se









