Los estudios que se realizan por parte de organismos internacionales sobre el grado de felicidad de los individuos, no acostumbran a ser indicativos claros y nítidos al respecto. En primer lugar, porque los estos acaban midiendo la felicidad identificándola, erróneamente, con el grado de satisfacción en relación al bienestar material que experimenta el sujeto. En
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“Reconocemos que lo mejor que se puede encontrar en el mundo es un presente indoloro, tranquilo y soportable: si lo alcanzamos, sabemos apreciarlo y nos guardamos mucho de estropearlo con un anhelo incesante de alegrías imaginarias o con angustiadas preocupaciones cara a un futuro siempre incierto que, por mucho que luchemos, no deja de estar
El debate, abierto hace ya tiempo, respecto a cómo iban a transformar las redes sociales las formas de vinculación directa y en vivo entre los individuos va despuntando horizontes que no coinciden exactamente con las prospecciones de las que se había alertado. Parece ser que la sociedad basada en el hiperconsumo, junto con la extensión
“A medida que se afirma el principio de soberanía personal sobre el cuerpo, el individuo confía su suerte a la acción de sustancias químicas que modifican su estados psicológicos ‘desde el exterior’, sin análisis ni trabajo subjetivo, ya que solo cuentan la eliminación inmediata de desarreglos (fatiga, insomnio, ansiedad), la mayor eficacia posible, el deseo
La integridad según una de las acepciones que reconoce la RAE –que siempre puede ser un punto de partida- es la cualidad de quien es recto, probo, intachable. Dicho de otra manera, de aquel que ajusta sus principios morales a su hacer. Leyendo esta definición, una tiene la impresión de estarse trasladando a épocas pretéritas
“Afortunado aquel que conserva un deseo y una aspiración porque podrá seguir pasando del deseo a la realización y de ahí a otro deseo, y cuando ese tránsito es rápido aporta felicidad, desgracia cuando es lento. Por lo menos no se sumirá en un estancamiento espantoso, paralizante, un deseo sordo sin objeto determinado, un abatimiento
Jul2011 La felicidad No se puede vivir con placer sin vivir con sentido común, honestidad y con justicia, ni vivir con sentido común, con honestidad y con justicia sin vivir con placer. Quien no tiene aquello que nos permite vivir con sentido común, con honestidad y con justicia, no puede vivir con placer. Epicuro, Sobre
El placer es un tiempo –más o menos duradero- que nos brinda el regocijo de los sentidos. A partir de ahí, hemos creado un concepto como la felicidad, que sería un estado permanente de una diversidad de placeres, no solo sensoriales, sino también emocionales e intelectuales cuyo horizonte nos alienta en la vida. Pero, más
Resiguiendo la línea del tiempo nos vemos impedidos a traspasar el punto del presente, y tal es la obsesión que nos azora que gastamos ese tramo intentando prever un futuro que siempre se halla en la línea más allá de nuestra posibilidad. Algo semejante nos ocurre con la supuesta felicidad que la cultura mitificó, sosteniendo
La felicidad pudiera ser un bienestar sostenido, hasta que se cruza alguien ajeno y te desmonta el castillo de naipes, en el aire.