Todos nos sentimos huérfanos, prematuramente o tarde. Y este desgarre de no poseer el cordón primigenio que nos sustentaba ubica la existencia en los parámetros que le son propios.
Autor: Ana de Lacalle
Es un privilegio poder leer, desmenuzando lo reseguido. Un lujo el hábito de practicarlo con el mínimo esfuerzo. De arrogantes vanagloriarse, de desagradecidos desperdiciarlo.
“Dime con quién andas y te diré quién eres”. Presupone el refranero la necesaria homogeneidad de los individuos para que puedan relacionarse. Aunque, a priori, la mayoría negaríamos está aserción, debemos reclinarnos, en parte, ante el saber popular que emana de la experiencia de estos dichos, si somos capaces de reconocer que en situaciones de
La política democrática ya no se ocupa del interés general, sino de la lucha por el poder. El denominado bien común no es más que el temario común sobre el que glosan las campañas electorales orientadas a conseguir ese poder. No se trata por tanto de proponer proyectos posibles, sino que convenzan a los ciudadanos.
Vertimos todos los esfuerzos y refuerzos en el empeño de sostener la dignidad vital, hasta que “algo” nos revela interiormente que: o la vida es meritoria por sí misma o ¿por qué acreditar un hecho biológico que nuestra conciencia nos condena a solemnizar para poder transitarla? El infierno del hombre es la autoconciencia, no hay
Discurrir en qué consiste actuar virtuosamente, en un contexto determinado, es ya una cuestión diferente de si debemos ser virtuosos o no, y de qué es una virtud.
La elegancia no es una virtud porque, en ocasiones, su aparecer es impostura. Una virtud debe serlo incondicionalmente ya que si existe cualquier resquicio de duda sobre su conveniencia es porque, posiblemente, estemos dirimiendo en torno a sucedáneos o espejismos. Ser justo, solidario, honesto siempre es ser virtuoso y ninguna coyuntura puede quebrar nuestra convicción
La pasión no es nunca compasión, ésta puede exigir gestos desapasionados.
Todo puede ser reducido a su opuesto, sin esa posibilidad no hay nada.
Para Platón la Democracia no dejaba de ser, en definitiva, el gobierno de la gran mayoría ignorante, que en nuestros días, diría está representada por un sofista hábil elegido en unas elecciones –el cabeza de lista- Aunque nosotros sabemos que Platón era un aristócrata elitista y que cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia.