El sacrificio nunca es objeto de la veleidad. Sus naturalezas antagónicas, la renuncia por el otro, o el yo como lo sacrificial por una parte, y lo antojadizo y volátil por otra, se autoexcluyen como condición de posibilidad. Así, solo la voluntad firme puede elegir el sacrificio como acción.
Autor: Ana de Lacalle
Deslizar, a tientas, los trazos lingüísticos de un libro es librar un reto lógico
La semana santa como síntesis hecha ritual del fracaso de Jesús, evidencia el fango sobre el que se asienta el cristianismo: un humano más dejado de la mano de Dios.
Absorbiendo el jugo de un recuerdo se me antoja vívido el sabor de esas gotas, como si se objetivaran y se hicieran presentes al margen de mi gusto. Porque no es la degustación lo que revivo sino el hecho mismo, acaso una alucinación o un delirio que, ubicados en la ambigüedad de la existencia, son
Lo verdaderamente macabro de un ataque con armamento químico es que tiene por objetivo primordial el exterminio de la población civil. Es un holocausto con tecnología avanzada, sin cámaras de gas ni crematorios, formas más burdas de masacrar. La primera bomba atómica solo fue un experimento indiscriminado, salvaje y por el cual nadie ha sido
Solo cuando lo real es mundo, una versión lingüística humana, se generan contradicciones, paradojas y acontecimientos incompatibles.
Usar la expresión salud mental para referirse al conjunto de enfermedades a las que hoy la OMS dedica especial atención, resulta paradójico por no ser más que un eufemismo que elude los términos enfermedades mentales. Esto denota el rechazo e incomprensión social que sufren estas patologías por tenerlas asociadas sin conocimiento alguno al tópico del
La inquietante pregunta de si los robots llegaran a tal grado de autonomía e independencia que superarán al cerebro humano, es hoy una de las incertidumbres que paradójicamente más aterran y más estimulan. Esa autonomía e independencia exigiría la aparición de la autoconciencia en los robots. Esta afirmación que puede parecer exagerada, es sin embargo
Tentada la paciencia desde lejos, se consumió esa capacidad de soportar sin alteración aparente. Ahora, la reacción es íntima de la acción que la provoca y su naturaleza áspera y tajante. No conviene aguardar benevolencia ante las limitaciones reiteradas, aunque estén adheridas como una segunda piel y sean casi indiscernibles.
Preservar la calma ante la adversidad es la virtud de la templanza