La salud de las personas se halla sometida a los mismos criterios capitalistas que otros aspectos nimios del sistema. Así, los laboratorios farmacéuticos no quieren fabricar un medicamento, que se ha demostrado de alta eficacia, contra el tumor cerebral porque no hay suficientes enfermos que lo hagan rentable. Si, ante esta evidencia de falta de
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Manejamos sentires distintos en un tiempo común y esa coincidencia desajustada eleva murallas de incomprensión, gestando, a su vez, una distancia inmensurable que nos aboca a una divergencia arriesgada. Será que el trato con los otros evidencia los límites infranqueables de cada sujeto.
Apalabramos compromisos y lealtades que por su naturaleza no deben quedar escritas, sino selladas por la confianza. Así, cuando aparece la duda se resquebraja el fundamento de lo acordado y nadie se siente obligado ya por palabras volatizadas. La desconfianza carcome la fidelidad.
Si a una débil cultura del esfuerzo, gestada a base de idolatrar a jóvenes triunfadores, felices y con un poder adquisitivo regalado, la sometemos a un mecanismo continuado de competitividad para lograr el éxito social o un lugar en el mundo, podemos obtener generaciones frustradas, caracterizadas por la indefinición y adoleciendo de consistencia personal para
Hay enfermedades crónicas que son cruces pero en absoluto salvíficas. Antes, suponen limitaciones severas en la vida de los que las padecen y el efecto sobre la forma de mirar el mundo no puede compensar el dolor que les causan. Así, nadie elegiría la enfermedad a cambio de su transformación espiritual. Cualquiera, si pudiese, retrocedería
Esperamos tanto de la vida que el suceder cotidiano se nos antoja una nimiedad aparente y engañosa. Hasta que constatamos que no hay más, ni menos, que ese fluctuar entre lo idealizado y lo existente, por insulso, monótono y poco estimulante que nos parezca. Será que, a la postre, la pasión por la vida debe
El deseo nos humaniza pero nos convierte, a su vez, en esclavos de algo casi ajeno que parece doblegarnos. No en vano, los estoicos cultivaban la a-patía como falta no solo de sufrir, sino también como estrategia para no dejarse arrastrar por los deseos. De hecho, en la actualidad, a quien se mueve por deseos,
Nos requerimos para dar respuesta convincente sobre qué ocurre cuando parece no suceder nada. Y atónitos, por la disociación, conjeturamos que tal vez el acontecer más evidente sea -en esa aparente circunstancia del no suceder- la vorágine interna que se genera en busca de un sentido apropiado de la quietud.
Las separaciones siempre resultan perturbadoras y abruptas; aunque percibamos con antelación su suceder, el corazón encogido y agazapado se escuda para no desbordarse y proyectar redes que impidan lo inevitable. Sabemos de la naturaleza caduca de todo cuanto hay en el existir, pero no nos resignamos y zarandeamos mentalmente la vida para conferirle una elasticidad
Si decimos, y es, en vano, tal vez economizar el lenguaje sería la estrategia pertinente. Porque la tonadilla cansina produce inmunidad ajena y propio desencanto. Wittgenstein recomienda: “Sobre lo que no se puede hablar, hay que callar”, y es que la locuacidad que brota del deseo de proteger no es más que un proferir palabras