Los reencuentros no se producen por decisión, sino por la espontánea ebullición de experiencias compartidas que nos han ligado emocionalmente. Lo cual no implica que no aspiremos a ellos, pero con la conciencia de la incertidumbre de si ese instante mágico tendrá lugar.
Extenúa el continuo ejercicio del pensamiento aunque aprehendamos lo real como objeto, porque el ciclo viciado de repensar sobre lo mismo, no lo modifica. Podemos hacer un llamamiento a colectivos que, no son más que ínfimas piedrecitas, en el acelerado desarrollo y dominio de una estructura mundial injusta desde sus raíces, pero inexorable porque está
Sabemos de los entresijos por los que atravesamos para hallar un lugar propio. Del tesón y la voluntad férrea que requiere esa búsqueda que presuponemos que tiene un final, en una estancia plácida y plástica en la que desplegar nuestro imprevisible devenir. Aunque, acaso en ese árido tránsito sospechemos que no hay lugar que nos
Alternamos el sosiego con la acritud de la crítica para sobrellevar el mundo y sobrellevarnos. Pero, esta combinación de laxitud y potencia en el decir y hacer sobre todo, nunca genera la satisfacción de la coherencia, porque terminamos diluidos en la inutilidad que el sistema social engulle plácidamente.
Cuando el gesto de rebeldía es inocuo para el sistema, ¿existe la posibilidad de un gesto absoluto? Entendiendo como tal, no el abandono existencial de la estructura que oprime –de qué sirve-, sino un punto de inflexión que tambalee los cimientos de esa anti-sociedad. Intuyo que todo gesto es un grito individual, rematadamente vano.
Un suicidio político es aquel, indefectiblemente acontecido, por presiones o maltratos de las instituciones sociales y políticas que condenan al individuo a una vida que no le es propia. Otros, y aunque siempre en última instancia podemos remitirnos a circunstancias sociales, proceden de factores endógenos que generan sufrimiento y dolor, cuando en apariencia no hay
Comentaba, con un compañero de fatigas, sobre lo que significa e implica vivir a la intemperie. Discurría sobre la cuestión, posteriormente, y me cuestionaba hasta qué punto en las sociedades actuales nuestra existencia está sometida a ese cielo descubierto, sin techo ni otro reparo. Acaso, esa sea la manifestación de la pobreza que corroe y
Idear una forma de vida que pueda zafarse de la institucionalización es tal vez una quimera que puede desembocar en la auténtica desesperanza de formas alternativas de vida. ¿Cómo construir una vida ajena a las cadenas de la estructura que sustenta un sistema, dentro del sistema? Seré pesimista, o profundamente relista, pero se me antoja
Recuerdo vagamente haber sostenido, hace algunos años, que la vuelta de tuerca en relación a las denominadas patologías o enfermedades mentales deberíamos situarla tal vez en la diferenciación entre los verbos estar y ser. Quizás esta reflexión sirva a la vez para que se entienda por qué considero contraproducente disolver las enfermedades mentales en la
Decir como Artaud que el impoder no es impotencia es casi un oxímoron, porque de ahí deriva que es potencia en un sentido algo aristotélico de desarrollo de la vida para que cada uno sea lo que debe ser. Pero si no hay decisión respecto de elegir el impoder, porque de alguna manera se impone