Al no disponer de la sabiduría que permite ver los acontecimientos desde la auténtica trascendencia que tienen, restamos enredados en la intensidad de lo que sucede. Quien crea que se mantiene ajeno al transcurrir alterado y turbulento tal vez sea indiferente y no sabio, por eso sus divagaciones no se anuden con los hilos desgarrados
Autor: Ana de Lacalle
Sí tenemos miedo, al terrorismo armado y al ideológico, al de todos aquellos que quieren imponer su forma de ver el mundo pisoteando las diferencias. Y no a los que se manifiestan pacíficamente por las calles expresando su idea de nación o estado, sino de los dirigentes que sabemos –a estas alturas no pueden engañarnos-
Los lugares más sórdidos de cada sujeto se revelan ahí donde los límites tensan su siendo, es decir quien es de facto. En algunos se despierta una pasión desaforada por aquello en lo que cree, sin pausa; en otros la virtud de una bondad profunda que les lleva a lo relevante, sin perder más que
Hay reconocimientos Internacionales, como el Premio Nobel de la Paz, que a mi juicio hace años perdió todo prestigio y dignidad. Quizás porque ha sido otorgado más con criterios políticos que con criterios morales de merecimiento y justicia. Concedérselo a alguien que durante años ejerció como guerrillero terrorista como Nelson Mandela, cuyas acciones pudieron ser
Quien habla de justicia hoy, aparece como un cínico porque lamentablemente no se sabe ni por dónde empezar.
Desmenuzar el tiempo como si, compuesto de átomos, pudiésemos recomponer algún acontecer es una ideación delirante, propia de quien ya no dispone de la percepción fina del transcurrir ni el devenir de las cosas y los hechos.
Los radicalismos que generan entes abstractos para diluir al individuo y erigir a los primeros en sujetos de acción y de derechos no están distantes del relato dominante que anula la voluntad de los individuos para convertirlos en deseo desinhibido. Ambos cosifican al sujeto para domeñarlo. Europa, España, Catalunya son ficciones urdidas para dotar de
Se asemejan nuestras acciones furtivas a traiciones perversas. Pero bien sabemos que las apariencias engañan y que, en honrosas ocasiones, aquello que realizamos en secreto no pretende más que evitar daños mayores a los ya padecidos. Supongamos, a modo de ejemplo simplista, que alguien sufre fobia a las cucarachas; obviar que hemos avistado un par
Una escuela llena de recursos innovadores, sin profesores que crean en el sistema que se les impone cómo el válido, es como un Happy Park a tiempo completo.
Decaemos en el umbral de nuestras miserias, cuando su reconocimiento nos muestra quiénes hemos llegado a ser tras tanto bregar por la vida. Y no es, como pudiera parecer, lamento alguno, sino constatación y conciencia de nuestra profunda humanidad, esa que nos trasciende y nos degrada alternativamente. Esa naturaleza sin parangón, que pese a quien