Hundidos en un tumulto de acontecimientos deshumanizantes, transitamos sin rumbo, melancólicos y abrumados de desidia; porque allí donde no cabe ningún destello de compasión, ni piedad ¿qué podemos esperar sino es el cataclismo aniquilador de los que sobran? Y el excedente mantiene un rostro destrozado por el dolor, su nombre, su identidad y acaso una
Categoría: Anagramas
Todos estamos en el corredor de la muerte. Unos lo saben, porque se deslizan encerrados en cubículos por esa cinta automática que nos transporta. Otros carecen de la conciencia de que nacer no es más que empezar a morir, una cuenta atrás, ya que a la vez que se crea vida se destruye. Avanzamos en
Desposeídos de identidad -o tal vez jamás tuvimos sustancia alguna más que los ecos de espejismos anhelados- danzamos desnortados en un festejo dionisiaco que antes que búsqueda, deviene fuga. Somos aquellos que, sin poder decir nada sobre sí mismos, inventamos un lenguaje simbólico para crearnos y crear todo lo que necesitamos y de lo que
Cautivos en un habitáculo mínimo, exacerbamos vanamente los abruptos azotes para ampliar el espacio. De tal forma que restamos en esta lid, magullados y amoratados de ejercitarnos en un absurdo esfuerzo, cegados por la convicción de que nuestra reclusión es externa. Hasta que exhaustos y mirando horizontalmente esa supuesta celda, nos sorprendemos ante un azul
Si la ausencia desencadena vacío y este una abisal soledad, nuestro interior se asemeja a un campo yermo, reseco y sediento en el que todo intento de redención es baldío. Quizás porque allí donde nada hay, no puede cobijarse esperanza alguna.
El tiempo parece un continuum centrifugado, no avanza, no se agosta ni se consume. Existe un punto de infinitud del que no podemos evacuarnos, atrapados en ese hondo y vacío abismo desistimos exhaustos y vencidos. Acaso por un absurdo cósmico que nadie supo aprehender y que devastó nuestra posibilidad de ser y, por consiguiente, negados
Un brevísimo amago de huida que desvela el cansancio ante presiones mixtas: externas e internas. Tentación irreflexiva, alertándonos de un asunto relevante diferido reiteradamente por su naturaleza turbadora. Un punto de inflexión en el que acotamos el desasosiego, lo desmenuzamos, analizamos y le otorgamos entidad, definida y limitada. Así posteriormente, despojándonos de toda arrogancia, redirigimos
Rasgamos el tedio cotidiano desertando un breve espacio del tempo que nunca nos pertenece. Guarecidos en lugares ignotos para el resto, nos figuramos ser rebeldes que descuartizan la monotonía impuesta. Pero, desdichadamente, padecemos el mal de la inercia incrustada que nos conmina a la repetición de los esquemas interiorizados. Así, antes que desestructurar el yugo
Poseídos por un denuedo desbocado, carecemos de la templanza requerida para bosquejar trayecto alguno. Y por ello somos arrastrados a padecer penurias del alma, que empobrecen y denigran, porque no decidimos, sino que actuamos como forma de desfogue de las impulsiones que podrían vigorizarnos, pero que por la ausencia de raciocinio nos abocan a situaciones
Disponiendo de todo cuanto, de facto, hay, simulamos domeñar el mundo como si este no opusiera resistencia alguna. Pero este dolo, perpetrado y erigido bajo el supuesto de nuestra razón ilimitada, se desvanece ante el contraste empírico que nos desenmascara, mostrándonos como entes mediocres y sometidos –a su vez- al deseo egoísta y a la







