El narcisismo que terminar por coronar a un intelectual, no es más que el síntoma de la imperiosa urgencia de ser reconocido como tal: alguien con un rango superior a la mediocridad que ese sujeto desdeña con arrogancia. Así, toda potencia brota de una carencia previa, en el caso referido, la posibilidad de ser
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La honestidad, virtud inherente a cualquier otra, no siempre es reconocida ni ponderada en el valor que posee. Exige un ingrediente de generosidad, autenticidad y descentramiento del yo, a fin de priorizar lo veraz por encima de cualquier interés particular. A menudo ser honesto perjudica, en la medida en que supone un desnudarse ante los
El cansancio que atenaza la vida denota una intensidad existencial que no se aviene a medidas temporales. Así, la edad no son los años trascurridos desde que nos trajeron al mundo –porque venir implica voluntad, y “no” vinimos- sino la turbulencia y profundidad que ha azotado el vivir. Es, en consecuencia, un patrón que no
A nadie se le debería negar el derecho a realizar una actividad creativa que, por su naturaleza informal, promueve la expansión y el desarrollo de su persona. Ni, en consecuencia, la posibilidad de que el resultado del acto creativo pueda ser presentado públicamente para su contemplación y si cabe su reconocimiento. Pero, un sistema que
Si un hombre trepa por las terrazas de un edificio para salvar la vida de un niño que cuelga apurado de una barandilla, es, sin duda, un héroe; pero si lo hace por una valla fronteriza para salvar de la miseria y la guerra a los suyos, entonces es un ilegal, sospechoso de terrorismo e
La incursión persistente en la idolatría de la juventud nos ha inducido a la veneración de la Inmortalidad, aspiración que se sustenta teóricamente por el transhumanismo/posthumanismo.
El problema de las democracias occidentales no es únicamente la incapacidad de gestionar una participación eficaz de los ciudadanos, sino la fragilidad del Estado de Derecho que necesariamente debe sustentarlas y que se imponga su progresivo liberalismo. Este último de naturaleza individualista empasta con dificultad con la noción de un demos soberano.
La mentira es un enunciado falso e intencionado. Quien, fruto de su voluntad, dice lo que no es de lo que es, como si lo fuera, pervierte el acontecer para doblegarlo a su interés o urgencia. Algunos desarrollan una inclinación a lo falaz por la fuerza de la costumbre, llegando inclusive a confundir lo ocurrido
El Bien como absoluto quedó diluido en lo existente. Lo factible se muestra sometido a la perspectiva del sujeto que enjuicia y, de esa forma, lo bueno deviene un valor relativo. Si, además, no concebimos distancia alguna entre lo dado y lo real, todo absoluto se desintegra al ser únicamente algo que se percibe del
Arrullados por un atardecer conmensurable, renacemos, como el ave fénix, de las cenizas derivadas de la incineración existencial. Nada se nos antojaba posible y, finalmente, lo más anhelado devino real. Renegamos de esperanzas fútiles para resistir y persistir, por ello, desde el pesimismo realista detectamos con una fina sensibilidad lo que despunta por inusitado y