Conforme la vida contituye un trazo rasgado con esfuerzo, las generalizaciones son verbalizaciones despersonalizadas y, por ende, agravios. Ya no podemos acomodarnos al «todos somos X», sin sentir nuestro proceder particular ninguneado; porque cuando la vida posee naturaleza propia y se ha singularizao no merece, por dignidad, ser sin criterio evacuada en el saco de
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Los desaires ingratos que los hijos vomitan sin pudor ante el cuidado parental, son gestos desproporcionados de autoafirmación. La paciencia debe imponerse cuando esa voluntad de independencia es volátil, incoherente y tiránica, en ocasiones. Crecer es un desafío, durísimo de acompañar, en el que las expansiones y contracciones generan convulsiones en quien se desarrolla y
Discapacidad la padecemos todos, unos con carnet y otros sin él, la diferencia es que los no identificados tienen la oportunidad de reconocer en qué consiste su merma.
Acaso “que vivir sea prepararse para morir” como creía Platón, debe indicarnos que aquel que agota la vida, exprimiéndola, solo le resta culminarla muriendo; entonces quien vive intensamente se prepara para morir con conciencia de lo que acontece.
No actuar es inhibirse de interferir en lo que sucede, por voluntad propia. Es por tanto, una decisión que acarrea consecuencias de las que somos tan responsables como si hubiéramos actuado. Por ello cuando asumimos el rol de observador ante un hecho de maltrato o de injusticia flagrante, nuestra no intervención no nos exime de
Los juegos de azar, con apuestas más excitantes aún, que gozan de total inmunidad, por intereses del Estado, tienen un destino diáfano para quien los consume son asiduidad. Después, vendrán las campañas contra la ludopatía, y los que la padecen no dejaran de ser vistos con un cierto halo de viciosos. Así somos, así lo
Hay entresijos mentales que culebrean sigilosamente sin poder apropiárnoslos. Devienen orificios negros que imponen su oscuridad como una sombra reverberante. Y en ese tránsito persecutorio en el que aspiramos a identificar las oquedades para iluminarlas, unas veces serpentean reproduciéndose vertiginosamente, otras logramos, a lo sumo adéntranos en el resquicio de alguna sombra y ver algo
La agitación ávida de las ideas, que se percuten cansina y fútilmente, es la absorción del caos inherente a lo externo que no se muestra, pero cuyo aparecer late evidenciando la deriva del constructo irracional humano.
El poder es una tentación diabólica para la mayoría de mediocres que entran en contacto con él. Tan solo, un escaso grupo de hombre y mujeres honrados y excelsos salen indemnes de tal incitación. Pero estos acostumbran a pasar desapercibidos, cuando deberían ser reseñados por su tenacidad y rectitud en esa selva viperina.
La experiencia de desdoblamiento, que no es impostación, perfora el sentido del sí mismo al constatar la presencia de un alter ego, que se fusiona con el yo, diluyendo cualquier resquicio de alteridad.