Nuestras pisadas son indecisas, volátiles y nuestras huellas se difuminan con celeridad. Caminamos sobre un suelo fangoso, una ciénaga que engulle cuanto entra en contacto con ella. Somos seres temerosos, efímeros y contradictorios, y por eso eludimos afrontar los conflictos que están arrasando vidas, dignidades y que no siempre se manifiestan como guerras. Rebusco el
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La oscuridad recluye a cualquiera en su lugar, ese que le pertenece en este instante -porque sabemos que el lugar propio no consiste en apropiarse de espacio alguno-. Y, así, siendo cuerpo, que no ve nada más allá, inicia una introspección en la que afloran monstruos que han constituido su alter ego. Años ha, fue
Cuatro sillas arrimadas a una mesa. Una vacía repleta de presencia. Un estar sutilmente reclamando su lugar arrebatado, tras años de sufrir. Un desenlace precipitado, pero no inesperado. Aunque, a decir verdad, ¿quién está preparado para ese instante en el que el hálito del alma deja de palpitar? Y súbitamente la vida es ya muerte,
(Volvemos, tras un tiempo de descanso intermitente, a las publicaciones diarias, o casi. Y a la lectura de vuestros blogs. Gracias!!!) Un aldabonazo que fragmenta el alma en porciones asimétricas difíciles de reconstruir. Un brazo ejecutor con escasa conciencia moral que dilapida la posibilidad de lo común. Regodeándose en los trozos esparcidos por doquier. Arremetiendo
Es cierto que en un mundo en el que abunda el dolor, la tragedia y el sinvivir, cada uno tiene el derecho de regocijarse en su burbuja de humano minoritario privilegiado. No mirar, para no ver, y vivir como si su mundo fuese el mundo. Esta postura la he oído en los últimos días a
Sabemos que cuando algo llega a su límite se desborda, en forma de explosión que destroza cuanto haya alrededor, como un alarido intensamente rabioso que simultáneamente provoca la implosión de la cosa misma. Explosión por una presión súbita interna que vomita el malestar hacia afuera, o implosión por esa fuerza externa que de tanta insistencia
Un adarve invisible pero recio nos mantiene aislados. El enemigo es, asimismo, imperceptible y por ello oculto, un supuesto virus corona que tan solo se hace patente por sus efectos. La cerca se manifiesta en la insistente y recomendada o impuesta distancia social. Aquellos que nos hallamos en un lugar privilegiado, esa minoría que vocea
Recuerde el alma dormida avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida cómo se viene la muerte, tan callando; cuán presto se va el placer, cómo, después de acordado, da dolor; cómo, a nuestro parecer, cualquiera tiempo pasado, fue mejor. Anoche, intentando conciliar el sueño, acudieron a mi mente estos versos de
Stefan Zweig en su obra Momentos estelares de la humanidad, se hace eco de una obra de Tolstoi Y la luz brilla entre las tinieblas, un drama inacabado por su autor, en el que en labios del propio Tolstoi se formulan estas palabras: “Pero yo no conozco el odio, no quiero conocerlo, tampoco uno dirigido








