Se dan actualmente dos percepciones antagónicas que son consecuencia, tal vez de distancias generacionales, sobre los trastornos mentales. Estas visiones mencionadas oscilan de la estigmatización al romanticismo. Respecto de la primera, existen abundantes foros en los que se intenta desmontar este prejuicio mostrando a sujetos que padecen enfermedades mentales como individuos con vidas “normalizadas” e
Autor: Ana de Lacalle
Privados de recursos mentales que simbolicen un propósito vital, solo nos resta el exiguo aliento de rebuscar entre lo sobrio y cotidiano algún “para qué”, suficientemente fascinante como para sustentar la ausencia de metarelatos creíbles.
La escritura implica un esfuerzo de investigación –a menudo-, disciplina, introspección y empatía que solo se alcanza cuando diariamente y tras espacios infructuosos, uno se deja llevar por ese personaje ficticio que adquiriendo vida propia te arrastra tras él. Entiendes que hay un punto de inflexión en que la novela no depende exclusivamente de ti,
Conforme la concepción del tiempo se dilata la intensidad de las vivencias desgarradoras son las que lo habitan, y la causa de esa percepción interior de lo temporal. Por el contrario experiencias gratificantes y vivificadoras provocan una contracción fugaz de cuanto sentimos, mudándolo en un efímero ensueño que se nos antoja, por breve, imaginado o
En pleno SXXI, con la capacidad de la razón como condición certera de progreso superada, la desmitificación de la ciencia como el saber perfecto y la intuición subsiguiente de que somos seres ínfimos, profundamente desconocidos para nosotros mismos, ha llegado quizás el momento de zafarnos del equívoco de que toda disciplina que no constituya una
La expresión “violencia de género” se utiliza para referirse a la ejercida sobre una persona a causa de su género. Usualmente se ha extendido su uso para referirnos a la violencia física o psicológica que los hombres ejercen sobre las mujeres en el seno de las relaciones de pareja o en el ámbito social mediantes
Aquellos que no encajan en la institucionalización burocratizada de una sociedad deshumanizada, porque los protocolos y procedimientos que deberían estar al servicio de las personas se han convertido en las cadenas que imposibilitan el desarrollo de su potencialidad, la propia, no la impuesta por una férrea estructura. Así, estos sujetos –porque poseen voluntad de ser-
“Un filósofo: es un hombre que constantemente vive, ve, oye, sospecha, espera, sueña cosas extraordinarias; alguien al que sus propios pensamientos le golpean como desde fuera, como desde arriba y desde abajo, constituyendo su especie peculiar de acontecimientos y rayos; acaso él mismo sea una tormenta que camina grávida de nuevos rayos; un hombre fatal,
Si solo el asomo de una cierta distancia perturba a alguien con una vorágine emocional que lo ningunea, algún recodo interno siente el vacío de la lejanía anunciada, y hay que indagar qué daño vital le incapacitó para metabolizar cualquier amago de separación.
Cuando la desesperación se apodera del negruzco horizonte, se asenderea el abismo que no es vía alguna transitable, sino la inmaterialidad incomprensible que se revela como el vacío más punzante. Ubicados en ese casi letal laberinto mental no nos queda más que entregarnos a la abisal realidad o lograr amortiguar con lenitivos y engaños ese