Deglutir algunos acontecimientos, no engulléndolos sino digiriéndolos pausadamente, permite metabolizarlos como si de fruta fresca e inocua se tratara. Otros no tienen deglución posible, solo pueden ser embutidos.
Categoría: Anagramas
Carentes de la osadía de la veracidad, transitamos chapoteando para no sucumbir a un lodazal insuperable. Así creemos vivir con cierta dignidad, porque escondidos tras la ambigüedad de las medias acciones, nuestra persona queda diluida en el fantasmagórico escenario de la impostura. La virtud es el canto añejo de los trasnochados, que desubicados se acunan
Ese cielo plomizo, ya nada amenazante, desprende un ánimo decadente propio del influjo mundano. Si escupe precipitaciones abruptas, no es más que la empática condena que lo atenaza. Tsunamis, terremotos, lluvias torrenciales, vientos huracanados. Es obvio que el orbe está convulso, ante el auto-exterminio de los humanos, que nunca fueron un animal más, sino el
La fragilidad no es una carencia de ser, como tampoco lo es la debilidad, sino la consecuencia de una voluntad y un coraje que no han cedido ante la adversidad. Ahora bien, la fortaleza del hombre puede resistir, mientras se erosiona inexorablemente su salud física y mental, y es entonces cuando, confundidos, aseveramos que esa
Entre tanto que no puedo contemplar porque no me hallo ahí, imagino estancias oníricas en las que siento, con cada órgano, el estímulo pertinente, y ese conjunto falaz, pero que extasía, me traslada al ámbito en que se torna lúcido lo ignoto. Tal algarabía empírico-espiritual me eleva ingrávida por lugares sin espacio, áridos de aprehender
Tras el voluntarioso esfuerzo, el ansiado descanso. Tiempo de aguardar resultados o quizás de disfrutarlos. Sea como sea, momento de saborear un plácido cansancio obtenido a fuerza de dar lo que no se posee, lo que no se cree poseer y que tan solo brota en ese tensar el límite de la propia resistencia. Siempre
El límite de lo moralmente deleznable es tan relativo, que esa flexibilidad deviene incluso más atroz que lo juzgado como repudiable. Si, siendo el caso, analizáramos un hecho de pederastia constataríamos que lo que en una cultura parece patológico por su suma inmoralidad –inconcebible en alguien con conciencia moral- en otras la incorporación de las
Inhibiendo al mundo, podemos deslizarnos como culebras entre los resquicios de su lentitud, para advertir la ubicación subrepticia que se muestra como propia, tras el fracaso reiterado de transitar por un hábitat que no podemos apropiarnos.
La propiedad privada satisface nuestros instintos de poder. De ahí a considerarla un derecho natural resta un largo dialogo justificativo, más aun cuando los derechos son siempre positivos o civiles. Lo cual no es óbice para reconocer, que los más acérrimos detractores de la propiedad privada son los primeros cuya intimidad como persona exige garantías
No sé cuántas noches se han interpuesto entre esas pláticas reconfortantes unas, interpelantes otras y de desencuentros dañinos algunas. Me siento incapaz de un recuento objetivo, porque deviene banal siendo lo significativo el marcador interno, y ahí solo computo el infinito de cada instante. Así, sea cual fuere el día que precedió a la noche