Categoría: Anagramas

Falsedad

Hay palabras que, aunque se muestren oportunas, denotan la hipocresía que busca satisfacer expectativas. Son pronunciadas con tal debilidad que no consiguen enmascarar la actitud que se niega, porque son escasas, sin contundencia, sin convicción, solo nombradas. Así, sin pretenderlo, desenmascaramos algo oculto y auténtico que no se nos quiere expresar, por razones ignotas que

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Añoranza de la virtud

Carentes de la osadía de la veracidad, transitamos chapoteando para no sucumbir a un lodazal  insuperable. Así creemos vivir con cierta dignidad, porque escondidos tras la ambigüedad de las medias acciones, nuestra persona queda diluida en el fantasmagórico escenario de la impostura. La virtud es el canto añejo de los trasnochados, que desubicados se acunan

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Mundo

Ese cielo plomizo, ya nada amenazante, desprende un ánimo decadente propio del influjo mundano. Si escupe precipitaciones abruptas, no es más que la empática condena que lo atenaza. Tsunamis, terremotos, lluvias torrenciales, vientos huracanados. Es obvio que el orbe está convulso, ante el auto-exterminio de los humanos, que nunca fueron un animal más, sino el

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Ficciones luminosas

Entre tanto que no puedo contemplar porque no me hallo ahí, imagino estancias oníricas en las que siento, con cada órgano, el estímulo pertinente, y ese conjunto falaz, pero que extasía, me traslada al ámbito en que se torna lúcido lo ignoto. Tal algarabía empírico-espiritual me eleva ingrávida por lugares sin espacio, áridos de aprehender

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Capacidad

Tras el voluntarioso esfuerzo, el ansiado descanso. Tiempo de aguardar resultados o quizás de disfrutarlos. Sea como sea, momento de saborear un plácido cansancio obtenido a fuerza de dar lo que no se posee, lo que no se cree poseer y que tan solo brota en ese tensar el límite de la propia resistencia. Siempre

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Límite de lo moralmente humano

El límite de lo moralmente deleznable es tan relativo, que esa flexibilidad deviene incluso más atroz que lo juzgado como repudiable. Si, siendo el caso, analizáramos un hecho de pederastia constataríamos que lo que en una cultura parece patológico por su suma inmoralidad –inconcebible en alguien con conciencia moral- en otras la incorporación de las

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Propiedad privada

La propiedad privada satisface nuestros instintos de poder. De ahí a considerarla un derecho natural resta un largo dialogo justificativo, más aun cuando los derechos son siempre positivos o civiles. Lo  cual no es óbice para reconocer, que los más acérrimos detractores de la propiedad privada son los primeros cuya intimidad como persona exige garantías

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