El egoísmo es fuerte y radical. Pero la acogida, la vigilia y velar por el otro lo son aún más. El « ¿De verdad?» está vinculado a una «revelación» y a una certeza: la de que a pesar de que el mal es muy radical, el bien aún lo es más; la de que el mundo humano se sostiene por la bondad JM.Esquirol: La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana.Ed.
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El arrepentimiento implica culpa. Pero esta, bien puede ser un espejismo desamparados en el desierto de la autoexigencia o, bien la percepción de haber obrado contra los propios principios. En el primer caso, la culpabilidad deviene una sombra que enturbia por siempre nuestro ser; en el segundo, solo la voluntad y el coraje de la
La sensibilidad humana se satura de las tragedias que él mismo provoca. Existen, de hecho, situaciones de explotación, muerte, maltrato, inanición, que siendo estructurales, se convierten en el testimonio doloroso de una maldad inconcebible. Habiendo superado cualquier atisbo de idealismo, sabemos que no cesarán, porque son la condición necesaria para que los que vivimos en
Enfilamos un camino pantanoso, cuyos cenagales son sombras persecutorias de un dolor originario, ese pecado mítico con el que justificamos el mal, que es lo que se torna incomprensible. Acaso, invocamos a la culpa, surgida del deseo prohibido de conocer y liberarnos de la ignorancia, para legitimar la existencia de lo pernicioso como el merecido
La eclosión, siempre abrupta y repentina, de sentimientos encontrados, que, además, no se ajustan a los patrones morales interiorizados, desata perturbaciones y culpa. Lejos de doblegarse a esos efectos inmediatos, el sujeto debería –por su bien- indagar las raíces de esas emociones para su auto-comprensión y, más importante, su trato justo. Porque sentimos sin
La mala conciencia exige reparar el daño infringido, porque con voluntad o sin ella, a veces, arrasamos los resortes que permiten a otros vivir.
Llegamos a la existencia por azar, habiendo podido a causa de nuestra contingencia no existir, sin más –otra combinación genética hubiera prosperado- Pero una vez que nos hallamos inmersos en la lucha, ya no por no morir -que también- sino por vivir con plenitud el tiempo de existencia, tal vez descubramos que haber nacido no
Es una labor artesanal saber manifestar al otro las necesidades propias sin caer en el reproche que culpabiliza; esa fina aguja discreta que sin ser detectada va penetrando espacios hasta culminar en una reprobación dañina. Para tal efecto, mejor el silencio de quien tal vez se lamenta por exigencia excesiva.
La culpa se asemeja a esas personas que, tras una aparente ingenuidad benigna, van lanzándote puyas como quien no se apercibe de lo puntiaguda de la palabra proferida.
Acusados de delito o no, a todos nos pertenece la culpa –a unos mucho y a otros menos- del martirio proferido al humano, que expoliado de cualquier atisbo de dignidad se consume de hambre, miseria y atrocidad. Cierto que no todos cargan con la culpa, pues ahí se halla el grado de conciencia moral y