“A medida que se afirma el principio de soberanía personal sobre el cuerpo, el individuo confía su suerte a la acción de sustancias químicas que modifican su estados psicológicos ‘desde el exterior’, sin análisis ni trabajo subjetivo, ya que solo cuentan la eliminación inmediata de desarreglos (fatiga, insomnio, ansiedad), la mayor eficacia posible, el deseo
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Todos tenemos el derecho de expresar nuestros pensamientos libremente. Ahora bien, un derecho puede ser ejercido o no –a diferencia del deber- y el mal denominado sentido común, por su escasez, podría orientarnos sobre aquello en lo que poseo conocimiento para manifestar mi opinión, de aquello en lo que por mi absoluta ignorancia debería abstenerme
¿Qué debo hacer? Se preguntaba Kant urgido por la necesidad –que respondía a su propia convicción- de hallar una forma que universalizara las normas morales. Hoy, recluido el deber en el ámbito de lo privado por una escisión nada apropiada entre individuo y sociedad, quienes siguen zarandeados por la urgencia kantiana se preguntan con una
Presuponemos la existencia de un “yo interno” al que nos aproximamos, a tientas, mediante símbolos y metáforas. No lo concebimos de naturaleza inefable, ya que comportaría la negación del sujeto como conciencia, pero sí arduo de identificar y expresar. Así, aludimos al “vacío” como un espacio horadado sin contenidos emocionales significativos, a la “tristeza” como
Ayer tuvo lugar en Barcelona, organizado por el Centro de Cultura Contemporáneo, un diálogo entre Fina Birulés y Judith Butler, moderado por Marta Segarra sobre “El lío del género. Por qué los cuerpos importan”, en el cual se debatió sobre cuestiones que brotan de la propia vida de los individuos y de su interacción con
Extenúa el continuo ejercicio del pensamiento aunque aprehendamos lo real como objeto, porque el ciclo viciado de repensar sobre lo mismo, no lo modifica. Podemos hacer un llamamiento a colectivos que, no son más que ínfimas piedrecitas, en el acelerado desarrollo y dominio de una estructura mundial injusta desde sus raíces, pero inexorable porque está
Comentaba, con un compañero de fatigas, sobre lo que significa e implica vivir a la intemperie. Discurría sobre la cuestión, posteriormente, y me cuestionaba hasta qué punto en las sociedades actuales nuestra existencia está sometida a ese cielo descubierto, sin techo ni otro reparo. Acaso, esa sea la manifestación de la pobreza que corroe y
Idear una forma de vida que pueda zafarse de la institucionalización es tal vez una quimera que puede desembocar en la auténtica desesperanza de formas alternativas de vida. ¿Cómo construir una vida ajena a las cadenas de la estructura que sustenta un sistema, dentro del sistema? Seré pesimista, o profundamente relista, pero se me antoja
Recuerdo vagamente haber sostenido, hace algunos años, que la vuelta de tuerca en relación a las denominadas patologías o enfermedades mentales deberíamos situarla tal vez en la diferenciación entre los verbos estar y ser. Quizás esta reflexión sirva a la vez para que se entienda por qué considero contraproducente disolver las enfermedades mentales en la
El lenguaje mediante el que construimos nuestra percepción del mundo nunca es neutro. Y no entraré en la cuestión complejísima sobre la relación pensamiento-lenguaje, sino que me limitaré a partir de la premisa de que su imbricación es de tal calibre que lo que no cabe es disociarlos. Partiendo de este supuesto, creo que bastante