La precariedad y la carencia han sido cuestiones frecuentadas en mis artículos implícita o explícitamente. Pero, tal vez no he incidido frontalmente este binomio que tiene diversos aspectos, aunque un factor común: la necesidad. Sobre el término necesidad la RAE recoge tres acepciones que están nítidamente vinculadas con su origen etimológico latino: de necesse, inevitable.
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Raro es sentir saciada la necesidad. Porque como carencia tiende a la elasticidad y a fagocitar toda sustancia destinada a colmarla. Así, devenimos seres cuya idiosincrasia es la escasez, y esa falta infinita es la plataforma sobre la que se catapulta el capitalismo; metamorfosea la necesidad para que sintamos el impulso de calmarla con el
La ternura es una emoción bien escasa en un mundo colmado de crueldad e insensibilidad, necesarias ambas para resistir a las contingencias ruinosas que suelen esparcirse por doquier. Pero, por fortuna, esos ínfimos, micros espacios en los que nos vemos atrapados por esa terneza vivificante, son reductos privilegiados que perduran en nuestra memoria emocional como
La lejanía nos niega la posibilidad de anudar las manos cuando la desventura parece una acechanza obsesiva, dejándonos ávidos del don de la ubicuidad y sacudiéndonos despiadadamente con despecho. Nada cabe hacer desde la impotencia de ser determinación corporal y limitada, más que desbordar empatía y compasión por aquel que, necesitándonos, añora nuestra presencia.
Seguimos respirando, evitando los jadeos, mientras esperamos pacientes que todo llegue a término. Es la tregua concedida a la existencia para que se legitime: que aflore el sentido velado de poseer autoconsciencia sin atisbar ni propósito, ni fin; como si pudiera uno sostenerse por inercia, cuando la noción del sí mismo exige sediento un relato
Algunos jóvenes padecen el síndrome del desnortado. En especial, los que provienen de familias acomodadas que han proporcionado más de lo aconsejable a sus hijos. Este cuadro existencial –el del síndrome mencionado- consiste en, habiendo accedido prematuramente y sin esfuerzo a cuantos bienes materiales ofrece la sociedad de consumo, sentirse satisfecho materialmente y, por ende,
No solo de pan vive el hombre; pero necesariamente de pan, reivindicamos hoy, como condición necesaria, aunque no suficiente del ”vivir”
Es una labor artesanal saber manifestar al otro las necesidades propias sin caer en el reproche que culpabiliza; esa fina aguja discreta que sin ser detectada va penetrando espacios hasta culminar en una reprobación dañina. Para tal efecto, mejor el silencio de quien tal vez se lamenta por exigencia excesiva.
La necesitad del otro es un instinto primario que evolutivamente garantiza la supervivencia de la especie. Los humanos, lo cual no excluye a otras especies, experimentamos además esa necesidad en términos emocionales que es la que prevalece, en un estado de salud deseable, entre los adultos. La confusión surge cuando la relación de amor
Escribir es una necesidad que al ser satisfecha puede generar arte o vómitos por compulsión. En cuanto, carencia exige su resolución y no es posible abandonar su práctica. Resta ser ecuánimes y otorgar el lugar preciso con respecto y elegancia. Pero también, el preciso reconocimiento cuando éste sea merecido.
