La disposición con la que un individuo se sitúa ante la existencia, condiciona cómo los acontecimientos, más o menos previsibles o azarosos, devienen un infierno o una oportunidad casi salvífica. Un hecho puede precipitar el hundimiento y un final truculento, o bien mutarse en la ocasión de realizar anhelos, siempre pendientes; eso sí, con un
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Si de nada sirve un soponcio derivado de la frivolidad de un gesto, ¿para qué padecer una corajina por la insustancialidad de otro, nítidamente ajeno? Más avispado es quien retorna indiferencia, es decir no reacciona ni se afecta, a la veleidad de aquel que carece de subjectum, y no puede ni vislumbrar en qué consiste
Padecemos la ausencia ineluctable, porque es lo único que –paradójicamente- hace presente lo perdido; recuperando con ese agudo dolor la imagen, el recuerdo vívido de quien se alejó, casi sin mirar atrás. Y anhelamos, ansiamos cualquier gesto que sea un indicio de que seguimos existiendo, para quien se tornó lo ausente.
Hay silencios que se desbordan de tristeza porque irradian una vacuidad que desemboca en la soledad más siniestra. Aunque pudiéramos creer que de la nada no puede brotar un sentimiento de melancolía honda, tal vez, sea ese no sentir que algo en el interior nos pertenece la causa más recurrente de los que se sienten
Se nos resiste el lenguaje porque se nos resiste el pensar; o, para ser más precisos, rehúsa el sentir esa restricción encorsetada en conceptos que impone nuestra estructura lingüístico-racional, y palpamos la impotencia del decir, la imposibilidad de liberar emociones expresadas de tal forma que puedan ser resentidas por otros. Porque la auténtica comprensión se
Acaso no sean más que sanguijuelas quienes anhelan fervorosamente libarnos los bienes del alma, o el alma misma. Aunque se me antojan, más que anélidos, zombis arrastrándose mientras se les disipa la vida y agotan su postrera posibilidad de revivir. Suelen ser agudamente sutiles y con apariencia inocua, para que confiados les entreguemos, sin resistencia,
Mitificar a las personas que desempeñan una actividad pública (artistas, actores, escritores, pintores y en general cualquier actividad creativa) los deshumaniza exigiéndoles aquello que necesitamos que sean, y en consecuencia obligándoles a negar públicamente lo que son. Este dualismo se justifica a partir de la idolatría de aquellos aspectos geniales que cultivan la esperanza de
La ternura es una emoción bien escasa en un mundo colmado de crueldad e insensibilidad, necesarias ambas para resistir a las contingencias ruinosas que suelen esparcirse por doquier. Pero, por fortuna, esos ínfimos, micros espacios en los que nos vemos atrapados por esa terneza vivificante, son reductos privilegiados que perduran en nuestra memoria emocional como
Tristes días se suceden en el interior de aquellos que, merodeando por el otoñal espacio de la vida, se han sumergido progresivamente en la evidencia de que estas fechas ilustran, año tras año, las dolorosas contradicciones de la vida en familia. Depuesta esa falsa magia de unos reyes imaginarios y de un héroe aniñado que
No puedo, ni por tanto debo, por falta de sentido, felicitar la navidad. Entiendo que ha pasado a ser una tradición vacía de significado religioso para la mayoría de la sociedad y, en consecuencia, aparte de disponer de vacaciones y de agasajarnos mutuamente con regalos, no percibo que haya motivo alguno de felicitación para todos
