Desecado interiormente por la adustez de la existencia, esa que no ha sido propiamente vida por mucho afán que haya desempeñado, y tras ese tesón desplegado, con el metabolismo ya siempre basal, me deslizo arrostrado como quien agoniza pre-mortem. No hay humano que resista la negación eterna de cuanto quiere, porque según la ley del
Autor: Ana de Lacalle
¿Y si aquel que personifica la cordialidad y la ternura no está más que impostando con suma excelencia? ¿Y si no hay tal fingimiento e incluso yacen ocultos otros sentimientos? ¿Qué hacer en cualquier caso? Todo evoca al fracaso, al dolor y al sufrimiento; porque si hay impostación hay alguien objeto de engaño y falsedad,
Si el caos está en el infierno, porque lo contrario, o sea, que se hallase en el cielo es inconcebible, desciendo empicada y sin redes hasta ese averno en el que ni el mal ni el bien tienen ya sentido. No son más que significantes huecos y oxidados en desuso. No hay límites entre un
Oír cómo se quiebra el acero de las cadenas que nos maniatan las manos, los pies y, con ellos, la voluntad, que anhela sin satisfacción posible, es como un éxtasis; pero este arrobamiento puede confundirnos, porque tras la desaforada lucha por la liberación de las lianas materiales, las emociones pueden ser un exceso falaz. Deshacerse
No escribimos por voluntad o, dicho de otra forma, cuando lo hacemos el resultado carece de alma, y esta debe palpitar en cualquier escrito, ya sea literario, filosófico, poético, …Sin ese espíritu que nos anima, que nos mueve a, que constituye el reflejo de un interior vivificador, ninguna palabra, ni texto escrito llega realmente a
El azar es una marejada de sucesos que surcan nuestra existencia dejándola aparentemente descompuesta. Decía J. Monod, admitiendo que su conclusión fuese tal vez una utopía, que el hombre sabe al fin que está solo en la inmensidad indiferente del Universo de donde ha emergido el azar. Igual que su destino, su deber no está
No he podido —o tal vez querido— resistirme a la tentación de publicar el último post del año —interrumpiendo mi receso—. Ha sido un año histórico, único lo son todos. Y, lamentablemente, el 2020 se grabará en los anales de la historia por la, ya cansina pero resistente, pandemia del covid19. Se ha escrito mucho,
“No siempre lo que queremos coincide con lo que debemos hacer. Aún más, diría que la existencia está encapsulada por la rígida exigencia del deber, sobre todo para quienes conciben su obligación moral por encima de sus anhelos. En ese instante, yo, ese agarrotado despojo en que me estaba convirtiendo, padecía esa dicotomía como grieta
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