Poseer una conciencia, relativamente nítida ya que siempre existe una ocultación de los gestos más depravados, de bajo qué intereses se regulan las decisiones políticas, judiciales y económicas, nos capacita para un análisis profundo y una crítica incontestable sobre esos mecanismos, que se dan de facto, pero que bien podemos considerar absolutamente inadmisibles y producir
Categoría: Anagramas
Los radicalismos pueden derivar en fanatismos cuando la adhesión ideológica es esencialmente emocional. Si, por el contrario, la fidelidad incondicional a un sistema de creencias es la resultante de una reflexión crítica, esa radicalidad no es más que convincente coherencia entre los principios interiorizados y la acción. En consecuencia, cuando calificamos a alguien de radical
Aguardamos instantes excepcionales y atípicos para que resurja la pasión, el entusiasmo, el frenesí, en un discreto intento de depositar el arrebato de vivir intensamente en lo que acontece. Pero, aun cuando lo externo nos reconforta con una apacible dotación benévola, es la forma en la que filtramos subjetivamente lo sucedido lo que concede un
El Tribunal Supremo, como máximo ente de “justicia”, no se ha ruborizado al evidenciar quién manda: el poder económico ¿Alguien tiene alguna duda? El Estado de Derecho ha caído fulminado, deslegitimando las leyes a las que ¿quién tiene autoridad moral para exigir al ciudadano que las acate? Creí, hasta ayer, que no había gestos absolutos,
Toda revolución social o política debe estar fundamentada en un proceso de introspección sobre las propias convicciones, para que nuestra acción no constituya una mimesis ajena, tras haber cedido a la presión de lo que aparentemente piensa la mayoría. Este es uno de los lastres de las democracias: los poderes fácticos difunden como mayoritarias opiniones
Si nos asomamos discretamente al pretérito, siempre anterior, vislumbramos entre una nebulosa espesa, claroscuros que se matizan paulatinamente hasta permitirnos identificar sucesos nítidos, imágenes fluctuantes que constituyen un relato. Este puede ser la reminiscencia de experiencias gratificantes o, bien, retrotraernos a momentos ácidos e hirientes. Sea cual sea la resultante de ese vistazo al pasado,
Nos resistimos con avidez a reconocer ese alter ego que cobijamos, ocultado, opaco y tan solo desvelado en el momento apropiado. Se nos antoja como un inconveniente que nos desluce, cuestiona y desprestigia; protegiéndonos de deslices que permitan visualizarnos en nuestra antagónica condición; tal vez, olvidando que no somos diferentes en lo que nos naturaliza
Necesitamos trastocar la alienante rutina para diluirla, como si fuese el rastro de un presente transitoriamente pulverizado. Amanecer en lechos ajenos, desperezarnos con el aire renovado de lugares flamantes que se infiltran por los poros del sentir gratamente estimulado. Necesitamos que la vida devenga reiteradamente excitante, para figurarnos una existencia desligada de las imposiciones, que
Si el esfuerzo intensivo y supino no garantiza el fin anhelado, lo crucial deviene el grado de elasticidad de nuestros jóvenes para sostener un fracaso no obtenido por desidia. Que los parámetros por los que evaluamos la vida sean un supuesto “éxito” social, harto cuestionable, produce un dualismo, casi sustancial, entre los integrados triunfadores y
Desértica y deshabitada psique anegada de ausencia, plagada de muérdagos que insuflan el hálito residual que la sostiene, protegiéndose con sus púas de todo conato ajeno de arrimo, se aloja en el orco de los muertos vivientes. Rigurosamente, exenta de cuanto podría reparar su destierro, se ha aliado con la nada, condenándose a ser una