Atravesamos como bestias acosadas el mundo, urgidos por alcanzar no sabemos certeramente el qué; y en ese ímpetu desmedido despreciamos presencias que ni detectamos, mientras simultáneamente nos cercioramos de cimentar fuertemente ciertas ausencias. Ese vagar desnortado, que como tal no puede concluir satisfactoriamente, nos desgasta la vida, sin haberla saboreado con gusto, antes bien embarrados
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Comentaba, con un compañero de fatigas, sobre lo que significa e implica vivir a la intemperie. Discurría sobre la cuestión, posteriormente, y me cuestionaba hasta qué punto en las sociedades actuales nuestra existencia está sometida a ese cielo descubierto, sin techo ni otro reparo. Acaso, esa sea la manifestación de la pobreza que corroe y
Hay quien cree estar preparado para casi todo, se siente con la fortaleza de afrontar las turbulencias más desaforadas. Acaso porque carecen de empatía con quienes las han padecido, y no atisban la inmensidad de determinados aconteceres. En cualquier caso, nunca se apercibirán que la necesidad de negarse a uno mismo, para el reconocimiento del
Analiza Lopez-Petit en relación al tratamiento que de “la enfermedad” humana realiza Nietzsche: “La dialéctica salud/enfermedad se hace más compleja, porque la gran salud no es más que la alianza entre salud y enfermedad, si bien desde la hegemonía de la enfermedad .La gran salud se confunde, pues, con la enfermedad, pero una enfermedad cuyo
Nos hallamos existiendo al adquirir autoconciencia. Es, entonces, cuando la existencia se vuelve problemática, tanto porque captamos el imperativo de adaptarnos para sobrevivir –a causa de impulsos ancestrales- como porque necesitamos dotarla de sentido, para que ese instinto de supervivencia no se diluya. Pero ¿es lícito presuponer y exigir la autoconservacion a quien no reclamó
“Pues lo que un hombre es por sí mismo, lo que le acompaña en la soledad y nadie puede darle o arrebatarle es manifiestamente más importante para él que lo que pueda poseer o ser a ojos de los demás” Arthur Schopenhauer, Aforismos sobre la sabiduría de la vida, cap. 1 Lo más significativo de
Esperamos tanto de la vida que el suceder cotidiano se nos antoja una nimiedad aparente y engañosa. Hasta que constatamos que no hay más, ni menos, que ese fluctuar entre lo idealizado y lo existente, por insulso, monótono y poco estimulante que nos parezca. Será que, a la postre, la pasión por la vida debe
“Cuando ya tienes todo lo que quieres, ¿qué quieres?” se pregunta al principio de Mojave, filme de William Monahan, el protagonista. Y es que, como ya postularon algunos filósofos, el hombre es voluntad. Esto significa que somos la potencia misma del querer, no su objeto; por ello, no podemos restar anegados en una nada absoluta
Quien da su vida por otros, aparece sinceramente disponible ante las necesidades ajenas, no como un mesías sino, como alguien compasivo y empático que se niega a vivir prescindiendo de las injusticias. Y es que, solo servimos de reparación a otro desde la humilde capacidad de padecer y sentir con él, por eso la com-pasión
Quien renuncia a desear se entierra lentamente en la desesperanza y la nada, porque los deseos son impulsos vitales que nos hacen sentirnos y querernos vivos para la consecución de lo anhelado. Si nos avezamos a la renuncia moralista –en ocasiones nada sustentada éticamente- vamos adentrándonos en la caverna donde aguardan los despedazados.