Presuponemos la existencia de un “yo interno” al que nos aproximamos, a tientas, mediante símbolos y metáforas. No lo concebimos de naturaleza inefable, ya que comportaría la negación del sujeto como conciencia, pero sí arduo de identificar y expresar. Así, aludimos al “vacío” como un espacio horadado sin contenidos emocionales significativos, a la “tristeza” como
Autor: Ana de Lacalle
Atravesamos como bestias acosadas el mundo, urgidos por alcanzar no sabemos certeramente el qué; y en ese ímpetu desmedido despreciamos presencias que ni detectamos, mientras simultáneamente nos cercioramos de cimentar fuertemente ciertas ausencias. Ese vagar desnortado, que como tal no puede concluir satisfactoriamente, nos desgasta la vida, sin haberla saboreado con gusto, antes bien embarrados
Nos sentimos comprimidos por prejuicios mentales que procediendo de doctas ciencias nos encorsetan sin dar cabida alguna a cierta flexibilidad. De tal manera, que poco o nada importa nuestro esfuerzo porque lo que puede ser paliado por fármacos, y no lo es, responde al flácido y escaso empeño dedicado, y lo que fructifica como síntoma
Quien se halla atrapado entre la “Logía” –logos- y la “Sofía”-saber- es porque ha aprehendido la imposibilidad de aspirar a cierto “saber” sin un dominio del lenguaje que nos permita el pensar y el decir como un acto de simultaneidad indisociable. Esta intuición tan aventajada, somete a ese “quien” a un estudio intensivo de dos
Ayer tuvo lugar en Barcelona, organizado por el Centro de Cultura Contemporáneo, un diálogo entre Fina Birulés y Judith Butler, moderado por Marta Segarra sobre “El lío del género. Por qué los cuerpos importan”, en el cual se debatió sobre cuestiones que brotan de la propia vida de los individuos y de su interacción con
Todos sufrimos a lo largo de nuestra vida situaciones perturbadoras que dejan un rastro de intensidad variable en unos y otros individuos. En cualquier caso, lo que no resulta nunca benéfico es quedarse agazapado bajo el manto del posible trauma. Lo que no puede ser olvidado, ni se olvida, ni tal vez deba hacerse, pero
Los reencuentros no se producen por decisión, sino por la espontánea ebullición de experiencias compartidas que nos han ligado emocionalmente. Lo cual no implica que no aspiremos a ellos, pero con la conciencia de la incertidumbre de si ese instante mágico tendrá lugar.
Extenúa el continuo ejercicio del pensamiento aunque aprehendamos lo real como objeto, porque el ciclo viciado de repensar sobre lo mismo, no lo modifica. Podemos hacer un llamamiento a colectivos que, no son más que ínfimas piedrecitas, en el acelerado desarrollo y dominio de una estructura mundial injusta desde sus raíces, pero inexorable porque está
Sabemos de los entresijos por los que atravesamos para hallar un lugar propio. Del tesón y la voluntad férrea que requiere esa búsqueda que presuponemos que tiene un final, en una estancia plácida y plástica en la que desplegar nuestro imprevisible devenir. Aunque, acaso en ese árido tránsito sospechemos que no hay lugar que nos
Alternamos el sosiego con la acritud de la crítica para sobrellevar el mundo y sobrellevarnos. Pero, esta combinación de laxitud y potencia en el decir y hacer sobre todo, nunca genera la satisfacción de la coherencia, porque terminamos diluidos en la inutilidad que el sistema social engulle plácidamente.