Volábamos en una nube blanca, densa y opaca. La alfombra idónea para no temer que se desintegrara inesperadamente, y fuese deshilándose para transparentar el cielo azul. Oteábamos la ciudad majestuosa; Lo fastuoso es siempre lo primero que se ve, elevándose y minimizando cualquier otra forma de estar y ser. Atónitos, creíamos que aquella era la
Etiqueta: realidad
Dormitaba sibilante como aspirando todo el oxígeno que había a su disposición. La apnea le asestaba azotes que provocaban un sueño superficial y un despertar súbito. A veces, al emerger de ese estado onírico, le burbujeaban imágenes insistentemente, que él identificaba como causas de ese malestar que le hostigaba siempre al despertar. Algunas eran cuerpos
Las persianas estaban desplegadas oscureciendo el espacio y contrariando cualquier acceso a la más mínima brizna de luz que pudiera filtrarse. Si no pasa la luz, no pasa el aire —se decía a sí mismo— Se había afanado con pujanza para lograr su objetivo: resguardarse fortificado del exterior, que amenazante procuraba sutilmente incrustarse en cualquier
Los propósitos iniciales deben estar supeditados, a veces, al flujo de emociones desbordantes que no nos dejan opción: exigen su manifestación, y esta forma de explosionar puede darse lingüísticamente. Así que, prescindiendo de lo previsto, necesito recordar algo que ni tan solo he visto, ni observado directamente; solo un breve video de móvil que me
No hubo indicio, ni señal que le indujeran a pensar cómo iban a desencadenarse los acontecimientos. Se había desperezado, como cada mañana, con un ritmo pausado y saboreado que la balanceaba en la esperanza de quien anhela algo mejor. Ese hábito la saneaba mentalmente, desembarazándola casi de los sinsabores de la jornada anterior. Leyó en
Llueve, llueve… no cesa de llover; se precipitan lágrimas desmesuradas que parecen proceder de un cielo invisible, encapotado de nubes, neblinas opacas que ciegan ese azul celeste que añoramos. Oí decir, tal vez de niña, que los ángeles, esos seres deseados para guardarnos del mal, llantean a menudo al observar cuanto acontece en la tierra:
“Kleist fue el primero que estableció para el teatro moderno su complejo dominio de la seriedad insegura (…) Aspira a una polifonía en la que ironía y responsabilidad, gravedad y deleite, están implícitas por igual. Sus argumentos parecen desplegarse en diferentes niveles de realidad y no estamos seguros sobre cuál es el ‘más real’ en
En ocasiones, nos mostramos obsesivamente monotemáticos y quizás por una serie de confluencias azarosas, sentimos la necesidad de desplegar inquietudes que como consecuencia de lo acontecido emanan, diría casi que compulsivamente. Bien, pues tras el post anterior, querría comentar una anécdota que me ha revolucionado la intuición. Ayer recibí por WhatsApp un mensaje de voz
Enfilamos un camino pantanoso, cuyos cenagales son sombras persecutorias de un dolor originario, ese pecado mítico con el que justificamos el mal, que es lo que se torna incomprensible. Acaso, invocamos a la culpa, surgida del deseo prohibido de conocer y liberarnos de la ignorancia, para legitimar la existencia de lo pernicioso como el merecido
Si el color es una cualidad resultado de nuestra percepción –de ahí las discrepancias que suelen suscitarse- por tanto, mero aparecer del que no podemos predicar con rigurosidad ni su existencia, ¿no deberíamos establecer una distinción, no solo entre lo real o lo aparente, sino también entre lo aparente y lo existente? Es decir, de





