Los sucesos se deslizan en el mundo sin que, a menudo, podamos evitarlos. Estos condicionamientos limitan nuestra libertad y desvían los planes que habíamos concebido como deseables. Esto puede constatarse desde una perspectiva empírica y cotidiana en la vida del individuo. Sin embargo, es preciso hacer alguna reflexión al respecto. Algunos sucesos son consecuencias de
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Actualmente, el último recurso que se utiliza para justificar una determinada visión de las cosas consiste en sentenciar: “es mi opinión”. Ante tal asertividad parece que solo reste callar y dar por válido lo proferido por nuestro interlocutor. Esta actitud defensiva se basa en la creencia de que “todas las opiniones tienen el mismo valor”.
Nos han arrojado al mundo sin poder ser consultados, ya que propiamente no éramos. Tardamos años en entender cómo funciona este entorno, a veces amoroso, otras áspero, agrio y peligroso. Y cuando hemos incorporado los mecanismos del sistema y hemos sido culturizados, nos acechan las preguntas de por qué, para qué. En definitiva nos cuestionamos
Hemos ido caminando por una ladera agreste y escarpada, ya que toda comprensión es perspectiva o «ladera» propia, y, desafiando a Sísifo, nos hemos mantenido estables en un cierto nivel de la subida, con retrocesos y avances, pero equilibrados. Con una carga pesada que yo llevaba en la espalda y tú aguantabas. Lastre más liviano
El despecho es la reacción de quien se siente herido y humillado por el ninguneo ajeno. De este resentimiento visceral surge la imperiosa necesidad de aparentar indiferencia, a fin de evitar que el otro presione con su pie victorioso nuestra testa. Constituye un mecanismo de defensa para no sentirnos un deshecho ante la mirada ajena,
No hay existencia sin dolor, a pesar de esto, esperamos que haya vida, es decir una existencia que el sujeto conciba en algún grado plena. La dificultad de lidiar con este dolor, inherente al existir, ha sido objeto de reflexión de una diversidad de filósofos a lo largo de la historia. Curiosamente, hay en casi
Qué desidia y tristeza honda resuena, sin pretenderlo, en el interior de una mente ya cansada. Extenuada de reflotar siempre para no habitar lo abisal, a lo largo de un tiempo que se antoja eterno, aunque el consuelo y el pavor simultáneos son que lo temporal es, para lo humano, siempre principio y fin. Como
Estos días, releyendo «El mundo como voluntad y representación» y «Los dos problemas fundamentales de la ética» de Schopenhauer, me he encontrado, casualmente, con un escrito de hace más de un año que ahonda en una de las cuestiones en las que estoy profundizando para mi proyecto. El escrito lo reproduzco tal cual , y
Tras un tiempo sin haber escrito ni una sola línea -alguna palabra sí, para la lista de la compra- percibes como se apodera de ti la mudez, no el silencio, éste viene después. Es un efecto de abotargamiento de las articulaciones mentales y físicas. Las ideas bullen, mas no cristalizan; los dedos se agarrotan como
El concepto de tiempo, ese constructo sin el que los humanos no podemos pensarnos ni pensar, puede utilizarse en el ámbito de la ciencia Física y, en ese sentido, ordinariamente como el transcurrir de un momento a otro, mediante lo cual se constituye el pasado, el presente y el futuro; o bien como un concepto









