La muerte es la sombra que todos proyectamos como una silueta inocente, cuando nos ilumina un haz de luz. Convencidos de que estamos antes un fenómeno óptico, la arrastramos sin conciencia de que lo mostrado es la penumbra diluyéndose de la vida. Irónicamente, y a pesar de estar acosados por la posibilidad de desaparecer, nos
Autor: Ana de Lacalle
El egoísmo es fuerte y radical. Pero la acogida, la vigilia y velar por el otro lo son aún más. El « ¿De verdad?» está vinculado a una «revelación» y a una certeza: la de que a pesar de que el mal es muy radical, el bien aún lo es más; la de que el mundo humano se sostiene por la bondad JM.Esquirol: La penúltima bondad. Ensayo sobre la vida humana.Ed.
Las estrategias de dominación –que ya analizó en su día Max Weber- se han transformado en operaciones subrepticias que trascienden la conciencia del sujeto. Así, la progresiva atomización de la sociedad en grupúsculos que defienden intereses propios y la parcialización de la identidad individual, devienen mecanismos que evitan revueltas o rebeliones más globales y nucleares.
Ser prudentes no es solo una virtud, sino una exigencia adaptativa consistente en preservar un cierto grado de sospecha vital. Porque quien tantea lo que le rodea, para ponderar lo que sucede, debe poseer la habilidad de dudar de lo verosímil y ejercer un intenso escrutinio sobre lo que se muestra diáfano. Esta perspicacia previene
Todo el secreto de la vida se reduce a esto: no tiene sentido; pero todos y cada uno de nosotros le encontramos uno. Cioran, El ocaso del pensamiento Trágica ironía de la existencia humana es que sin poseer en sí misma sentido, todos le encontremos uno. Pero discrepo de esta última apreciación, pues no se puede
A menudo se habla de los poetas y filósofos malditos, cuando, si lo son, es por haber vislumbrado los límites del absurdo y el dolor humanos. Es paradójico, sino puro cinismo, denominar a quien con coraje se ha situado al borde de los tabús que se nos han impuesto, como maldito. Porque esa maldición debería
Aunque, como ha constatado algún filósofo, no tengamos nada relevante que decir a la humanidad, si, de hecho, seguimos deslizándonos como surfistas por el oleaje lingüístico, es porque el humano necesita verbalizarse para saberse siendo e intentar comprenderse. No haga falta, quizás, que nuestro decir convulsione el mundo, porque hay momentos en que lo que
La cuestión crucial sobre cómo se gestionan las pérdidas puede resultar un absurdo, si atendemos al hecho de que el hueco vacío, de quien o lo que ya no está, no puede ser más que sufrido. Sugerir que el tiempo desvanece la nada arraigada en nuestro interior es desmerecer la misma pérdida. También podríamos aproximarnos
A falta de horizontes, desfallecemos en un fetichismo focalizado en objetos que tienen un especial significado emocional. Tal vez, porque han supuesto un punto de inflexión en nuestro relato existencial, que nos ha inducido a ahondar desde otras perspectivas. Bien podría suceder, por ejemplo, con un libro al cual consideramos insustituible, por el que, tan
Quien sostiene un grito desatado e intermitente está luchando contra el olvido del agravio padecido; es un gesto que, de facto, se rebela para ser reconocido en su diferencia y para no absolver al sistema diabólico, que planea sutilmente no solo la disolución del daño, sino del sujeto mismo que grita.