El arrepentimiento implica culpa. Pero esta, bien puede ser un espejismo desamparados en el desierto de la autoexigencia o, bien la percepción de haber obrado contra los propios principios. En el primer caso, la culpabilidad deviene una sombra que enturbia por siempre nuestro ser; en el segundo, solo la voluntad y el coraje de la
Categoría: Anagramas
Seguimos respirando, evitando los jadeos, mientras esperamos pacientes que todo llegue a término. Es la tregua concedida a la existencia para que se legitime: que aflore el sentido velado de poseer autoconsciencia sin atisbar ni propósito, ni fin; como si pudiera uno sostenerse por inercia, cuando la noción del sí mismo exige sediento un relato
Abrumados por una cultura decadente, sibilinamente violenta y cruel, por cuya elasticidad se despliega en senderos contrapuestos, siempre en lucha y con un vencedor de antemano conocido, desistimos y nos desvanecemos de impotencia. Sin embargo, no estamos legitimados a ser sujetos pasivos por incapacidad, porque toda actitud deviene una omisión o una acción de la
A Yemen, cinco millones de niños al borde de la muerte por la hambruna, intensificada en plena guerra por el bloqueo al suministro que las ONG intentan proporcionar. Arabia Saudita, y todo aquel que contribuye con la venta de armas, son los asesinos, además de la comunidad internacional que por intereses político-económicos lo consienten, es
Aquel que escribe desde las entrañas, asume una existencia de honda soledad, que le otorga el privilegio de una introspección que cabalmente se resiste. Sin embargo, no hay acceso al tuétano de nuestro yo sin sostener ese difícil existir en el olvido, encarando el reflejo de quién somos y para qué.
Pactamos con el mismísimo diablo, forzando un trueque malévolo, ávidos de lograr un hito que se desmiembra y pierde su valor en ese proceso perverso que nos acerca a su consecución. Así, restamos desprovistos de propósito y de valor, porque nada que se conquista mezquinamente es digno de admiración. Olvidamos que lo bueno querido, nunca
Disponemos de una línea de tiempo incierta para metabolizar cuanto se desliza sobre ella. No siempre, no obstante, se nos brinda la posibilidad de atenderla con cautela y paciencia para, desmenuzándola, insertarla en el relato global de la vida. Pero, hay cierta constancia porque los restos de todo acontecer quedan depositados en algún recodo de
Hay quien cree estar preparado para casi todo, se siente con la fortaleza de afrontar las turbulencias más desaforadas. Acaso porque carecen de empatía con quienes las han padecido, y no atisban la inmensidad de determinados aconteceres. En cualquier caso, nunca se apercibirán que la necesidad de negarse a uno mismo, para el reconocimiento del
Nublados por la bruma de la ignorancia, nos convertimos en presa fácil de la tergiversación y la desfiguración de los hechos, que ciertamente nunca son asépticos. Pero, deberíamos dilucidar qué se halla en ellos de subjetividad inexorable y qué de intrincación voluntaria, porque quien deforma consciente e intencionadamente una serie de sucesos, esconde intereses particulares
Aquello que se nos desvela por la fuerza de las pulsiones puede generarnos contradicciones, rechazo y autocensura que exigirá, por lo tanto, el esfuerzo de vivir, de resistir, como si nada supiéramos. Pero esta posibilidad no es más que una falacia apaciguadora que nos permite soportarnos y que se va desmoronando conforme esas pulsiones se