Disponemos de una línea de tiempo incierta para metabolizar cuanto se desliza sobre ella. No siempre, no obstante, se nos brinda la posibilidad de atenderla con cautela y paciencia para, desmenuzándola, insertarla en el relato global de la vida. Pero, hay cierta constancia porque los restos de todo acontecer quedan depositados en algún recodo de
Hay quien cree estar preparado para casi todo, se siente con la fortaleza de afrontar las turbulencias más desaforadas. Acaso porque carecen de empatía con quienes las han padecido, y no atisban la inmensidad de determinados aconteceres. En cualquier caso, nunca se apercibirán que la necesidad de negarse a uno mismo, para el reconocimiento del
Nublados por la bruma de la ignorancia, nos convertimos en presa fácil de la tergiversación y la desfiguración de los hechos, que ciertamente nunca son asépticos. Pero, deberíamos dilucidar qué se halla en ellos de subjetividad inexorable y qué de intrincación voluntaria, porque quien deforma consciente e intencionadamente una serie de sucesos, esconde intereses particulares
Aquello que se nos desvela por la fuerza de las pulsiones puede generarnos contradicciones, rechazo y autocensura que exigirá, por lo tanto, el esfuerzo de vivir, de resistir, como si nada supiéramos. Pero esta posibilidad no es más que una falacia apaciguadora que nos permite soportarnos y que se va desmoronando conforme esas pulsiones se
La sensibilidad humana se satura de las tragedias que él mismo provoca. Existen, de hecho, situaciones de explotación, muerte, maltrato, inanición, que siendo estructurales, se convierten en el testimonio doloroso de una maldad inconcebible. Habiendo superado cualquier atisbo de idealismo, sabemos que no cesarán, porque son la condición necesaria para que los que vivimos en
Recuerda Oriol Alonso, en su análisis de la obra de Rafael Argullol[1], que para este “La experiencia se nos escapa por completo, en definitiva. Todos los matices que dibujan nuestra vivencia rompen en todo instante los grilletes que intenta imponer nuestra voluntad. Sin embargo, necesitamos controlar todo lo que se ha vivido y se vive
El insomnio crónico es un síntoma de una agitación interior nuclear que algo nos dice sobre nosotros mismos. Aunque las formas en que puede darse son diversas poseen un denominador común: se evidencia una exigencia excesiva, quizás una culpa latente, y con ello la urgencia de identificar las causas que nos mantienen en ese estado
Sin voluntad alguna de hacer un análisis psicopatológico, para el que no estoy cualificada, discurría como fruto de esa mirada filosófica con la que mi mente filtra lo que le rodea, que la paranoia persecutoria –psicosis en determinados casos- es una forma algo masoquista de gestionar la relación con el mundo. El paranoico se convence
El principio griego “de la nada, nada surge” podría extrapolarse a la dinámica de la mente humana. Desde que nos traen al mundo se inicia un proceso de incorporación de experiencias, progresivamente más complejo, que forja nuestra subjetividad y, por ende, la manera en que interaccionamos con lo Otro. Lo no recibido, lo no vivenciado
Se me antoja, como si de una intuición reveladora se tratase, que escribir es un acto de egocentrismo. Si no fuese así, si no se diese ese esfuerzo de penetrar las propias pantallas reflectoras, y con él un ejercicio de centrarse en el yo, absteniéndonos de cualquier cosa que se halle en el límite externo,